FRANCISCO Y SU VERDADERA IDEA DE LOS HOMOSEXUALES

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

El papa Francisco está en el ojo de la tormenta. Sus enemigos asolapados dentro de la Curia Romana, a la cual con su discurso renovador ha mediatizado, y que le tienen jurada una venganza por haberlos desplazado desde que asumió las riendas de la Iglesia, deben estar bailando en un pie por el error verbal cometido durante su viaje de retorno al Vaticano, procedente de Irlanda, al declarar sobre la homosexualidad: “Cuando eso se manifiesta desde la infancia, hay muchas cosas por hacer por medio de la psiquiatría…”. He repasado una y otra vez las expresiones del papa y solo confirmo que esa no fue su intención. Lo voy a explicar. Francisco es el pontífice que más lejos ha llegado en la visión innovadora del Vaticano sobre la homosexualidad. En su exhortación apostólica Amoris laetitia (La alegría en el amor), no tuvo reparos en reiterar su defensa al señalar que a toda persona debe valorársela a partir de su dignidad y no por sus tendencias sexuales. Bergoglio, además, ha dicho repetidamente -y con firmeza- que a los varones o mujeres atraídos sexualmente por otras personas de su mismo género no se les puede crear una carga de discriminaciones y rechazos, que son propias de sociedades retrógradas en las que ha imperado por muchos años el prejuicio como regla. A la Iglesia le ha costado -y mucho- dar un giro extraordinario sobre su percepción de los homosexuales, y Francisco lleva en sus hombros el liderazgo de ese giro. El ecumenismo de la Iglesia enseña que por la misericordia de Dios, que es el amor y gracia divinos -estoy usando categorías del pensamiento social de la Iglesia y de su magisterio vistos en su acto interpretativo contemporáneo-, todos los hombres de buena voluntad, sean heterosexuales u homosexuales, alcanzarán la gloria de Dios. Esto último es lo extraordinario y tira al tacho las percepciones negativas que sobre estas personas la sociedad por largo tiempo postergó. La homosexualidad es un estado de naturaleza y no una enfermedad. Algunos nacen con una carga somática y otros lo son por conducta adquirida; y en cuanto a la calificación moral, pues hay homosexuales que son más morales que muchos heterosexuales. 

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