La espera divina

COLUMNA: ARIANA LIRA

La semana pasada visitó Lima Juan Carlos Cruz, sobreviviente de abusos sexuales del mundialmente conocido sacerdote chileno Fernando Karadima.

Juan Carlos pasó desapercibido por nuestro país, pero derramó varias lágrimas cuando asistió a ver la obra San Bartolo en el Teatro La Plaza, que retrata con crudeza el modus operandi del Sodalicio.

Y es que las cosas que hombres como Juan Carlos Cruz han logrado en Chile parecen, aún, utópicas en nuestro país. Mientras que la visita del Papa en Chile fue sacudida por un fuerte y necesario cuestionamiento al Sumo Pontífice respecto de los abusos sexuales y sus encubrimientos, en nuestro país la prensa tuvo que esperar recién al final, trepada en un avión y sobrevolando ya territorio peruano, para preguntarle por las víctimas del Sodalicio.

Los resultados entre ambos países en esta materia son abismalmente -y vergonzosamente para nosotros- distintos. Por un lado, el Papa invitó al Vaticano a Juan Carlos Cruz y a otras reconocidas víctimas de Karadima, en lo que parece -hasta ahora- un sincero interés por hacerse cargo del desastre ocurrido en Chile. Asimismo, los obispos chilenos tuvieron que presentar su renuncia en tanto lo que se vivió no fueron abusos aislados, sino una red de encubrimiento y corrupción que caló en lo más profundo de las instituciones eclesiásticas. Tal y como ocurrió aquí con el Sodalicio.

¿Cómo vamos nosotros? A pesar de que el propio Sodalicio admitió los abusos en un informe emitido el año pasado, Luis Fernando Figari continúa en su famosa “cárcel de oro”. Por lo pronto, la Fiscalía ha pedido prisión preventiva en su contra, pero sus víctimas, quienes alguna esperanza encuentran en los ojos de Juan Carlos Cruz, aún esperan.

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