La Lima de Belmont

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

Es patético para Lima, y para el Perú en general, que un personaje ya caduco para la política como Ricardo Belmont pueda tener vigencia hoy en las encuestas de intención de voto con miras a las elecciones ediles de octubre próximo; ya que estamos hablando de un personaje que quizá haya sido, de lejos, el peor alcalde que tuvo que sufrir la capital en los últimos años, pues al irse a su casa dejó a sucesor, Alberto Andrade, la ciudad en un caos total.

A mí no me van a salir con charlatanerías ni cuentos. Como reportero -al igual que todos aquellos colegas que cubríamos calle en los años 90-, fui testigo de cómo Andrade tuvo que rescatar Lima de los miles de ambulantes que habían tomado el Centro Histórico. Fue heroico liberar los alrededores del Mercado Central, Pachitea con sus famosos “ferreteros”, La Cachina y sus reducidores, el Parque Universitario, Lampa, la calle Capón y todos los puntos que Belmont no tocó.

Quizá la inacción de Belmont se debía a que soñaba con ser presidente (postuló en 1995) y no quería perder los votos de los comerciantes que ocupaban ilegalmente las calles de todos los limeños. Nunca voy a olvidar que cuando se levantaron los puestos informales que rodeaban al Mercado Central, se descubrió que algunos tenían huecos en las veredas que daban a los desagües. Eran las “letrinas” de los ambulantes. Eso fue la gestión del llamado “hermanón”.

Precisamente, el fallecido Andrade quedó para la historia como un buen alcalde porque fue capaz -pese a los sabotajes del gobierno de Alberto Fujimori- de poner orden en medio del caos y desgobierno dejado por Belmont, quien ahora -como si fuera poco- ha reaparecido con algo adicional: su postura abiertamente racista y discriminadora hacia los venezolanos que por miles llegan al Perú huyendo de la dictadura de Nicolás Maduro.

Lima no merece tener de alcalde a un personaje que ya fracasó, y que además ha agregado la xenofobia a su discurso de campaña. Fiel a su estilo, lo más probable es que, ante las críticas, Belmont venga a decir como siempre que es víctima de un “complot” y de “persecución” por afectar los “intereses de los grupos de poder”. O quizá nos salga con sus “pastillas para levantar la moral”. Quienes hemos sufrido la ciudad que nos dejó tras sus penosos mandatos ediles ya lo conocemos. 

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