Mesa “naranja”

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

El fujimorismo se está dando un nuevo disparo a los pies al poner como candidato a la presidencia del Congreso a Daniel Salaverry, pues es más que probable que hoy sea elegido. Y es que una vez que esto suceda, queda claro que se iniciará una nueva etapa de enfrentamientos políticos con los adversarios, debido a las posturas poco dialogantes que ha tenido el legislador trujillano desde que se integró a las filas “naranjas”, tras su paso por el APRA.

A ese se suma que gran parte de su tiempo al frente del Congreso Salaverry lo tendrá que dedicar a explicar todos los asuntos que tiene pendientes en Trujillo. Recordemos que su empresa constructora es acusada de efectuar trabajos truchos en perjuicio de sus clientes y de no pagar impuestos, al menos de manera puntual. El Poder Legislativo tiene muchas cosas por hacer por el país como para que cuente con un titular que se la va a pasar apagando incendios.

Personalmente recuerdo que cuando yo era director de Correo La Libertad en el 2010, y Salaverry postulaba a la alcaldía de Trujillo por el APRA frente al reeleccionista César Acuña -quien finalmente ganó por escaso margen-, el hoy congresista fujimorista fue a cumplir con el pago de los tributos de su empresa una vez que se enteró de que íbamos a publicar una nota dando cuenta de su alarmante grado de morosidad. Así trabajaba el hombre.

De por sí es una mala señal que el fujimorismo haya tenido que presentar una lista de candidatos a la Mesa Directiva con puros miembros “naranjas”. Inicialmente quisieron poner a Yeni Vilcatoma en calidad de “independiente”, pero como vieron que la cosa se ponía complicada y peligraba la postulación, dicha congresista tuvo que solicitar su reincorporación a la bancada por la que fue elegida en los comicios de abril del 2016.

Está claro que el fujimorismo ganó limpiamente la mayoría en el Congreso y que puede poner como candidato a presidir el Poder Legislativo a quien le parezca. Sin embargo, como gesto político debió lanzar a un congresista más abierto al diálogo y sin los “anticuchos” que se le conocen a Salaverry desde su faceta de empresario. ¿No tenían más gente, o simplemente ya no les interesa tender puentes con la orilla de enfrente? 

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