A mis colegas maestros

COLUMNA: IDEL VEXLER

Creo que estaremos de acuerdo en que el año pasado era comprensible la huelga de maestros, por cuanto constituía un grito en la búsqueda de dignidad, de mejores remuneraciones y, sobre todo, de respeto a su experiencia y formación de educadores profesionales. Sin embargo, trajo consigo una gran pérdida de horas de clases para los niños, niñas y adolescentes de menores recursos, quienes, pese a los programas de recuperación, vieron afectados seriamente sus aprendizajes.

Este año, en que se anuncia el inicio de una huelga indefinida este 18 de junio, coincidiremos en que las condiciones son distintas. Así, en un contexto de diálogo y apertura, desde el último trimestre del año pasado, los docentes del sector han conseguido varios logros: se ha incrementado la remuneración mensual para nombrados y contratados; los directores encargados reciben ahora bonificaciones y un adicional por horas de trabajo; y, desde marzo, auxiliares, promotoras de inicial y docentes ascendidos en la carrera magisterial reciben incrementos en sus sueldos. Igualmente, este año se están desarrollando concursos para que al 2022 pasemos del 46% a más del 75% de nombrados. A lo que hay que agregar que -por primera vez- la evaluación de ascensos para 28 mil vacantes considera 1000 para la sétima, 1500 para la sexta y 4500 para la quinta escalas magisteriales. Todo ello para reconocer los méritos en un marco de capacitaciones.

Por lo tanto, no veo motivo para que nuestros colegas maestros y maestras abandonen nuevamente a nuestros estudiantes de la escuela pública, afectando seriamente su derecho a la educación. La comunidad educativa, los padres de familia, la sociedad en general confía en su compromiso profesional. No escuchar a dirigentes radicales no implica renunciar a su espíritu sindical y a sus aspiraciones legítimas. Todos debemos estar juntos por un buen año escolar 2018.

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