NO DEBEMOS CONFUNDIR A LOS MIGRANTES CON LOS REFUGIADOS

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

Más de 100,000 venezolanos han solicitado el estatus de refugiados en el país y solamente 100 de ellos así han sido reconocidos. Otra vez las ONG promotoras de los derechos humanos intervienen para requerir al Estado peruano que otorgue esa condición no solo al referido elevado número de peticionarios, sino a todos los venezolanos -van a la fecha 414,000- que han ingresado al país. Ello no es posible y lo voy a explicar. Los refugiados adquieren esa condición porque huyen del lugar de origen al advertir la inminencia del peligro de sus vidas por la violencia del conflicto armado o de una guerra civil. Nos guste o no, en Venezuela no lo hay. No configura la realidad de Siria, donde sí existe una incontrastable guerra interna que originó una de las más grandes oleadas migratorias contemporáneas. Los refugiados, entonces, son aquellos que llegan a cruzar las fronteras del Estado del que proceden -si acaso no lo logran, quedan en la condición de desplazados-, recibiendo auxilio y protección -repito- porque sus vidas peligran. Esta concepción en la doctrina del derecho internacional fue gestada desde que fue creado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en 1950 como consecuencia de los procesos migratorios luego de la Segunda Guerra Mundial. La situación en Venezuela es de grave crisis político-económica y la gente emigra esencialmente por la razón económica. No es, entonces, que el régimen de Maduro persiga a todos los migrantes para matarlos; los hay, pero son contados con los dedos de la mano y huyen para no terminar como el policía Oscar Pérez, eliminado por la dictadura. Ahora bien, el migrante también sale del país y cruza la frontera, aunque busca una oportunidad ya que donde vive no existe esta; ello le sucede a la inmensa mayoría de venezolanos que han llegado al Perú. El refugiado vive el drama de la persecución por la muerte. Al migrante nadie lo persigue, sino que huye de la pobreza, la enfermedad, etc. Ambas son situaciones son trágicas, pero la primera es reconocida como elevada razón de carácter humanitario, superando la esperanza del migrante de lograr una vida de mejor calidad.

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