Operaciones Estructuradas

COLUMNA: ROLANDO RODRICH

“Juegan al gran bonetón”, es lo que dicen los empleados públicos que están familiarizados con este mecanismo para hacerse del dinero público. Son cientos los que participan, saben o son testigos de lo que algunos aceptan como una perversión a la que ya se habituaron, tanto que hasta podrían incluirla en su lista de lo “normal”. Aunque los montos estén bastante lejos de Lava Jato, son operaciones estructuradas. La estructura es una pirámide perfecta, donde una o dos personas, los líderes, aprueban la planilla o listado de nombres de personas que se usarán. Las planillas son básicamente dos. Una es la de los empleados CAS, en su mayoría relacionados con el partido o movimiento político en el gobierno, los que aceptan (a las buenas o a las malas) que una parte del sueldo se les descuente y lo consideren un aporte. En el mejor de los casos, el 10 por ciento, cuando los sueldos son los bajos. Si la remuneración es alta, “el descuento” puede ser mayor. La segunda modalidad es cuando a estos mismos trabajadores, dependiendo del sector en que laboren, se les pide “colaborar” con su firma en unas planillas, por lo general de talleres, cursos o actividades parecidas donde se presupuesta una determinada cantidad de dinero por cada participante. Estos talleres pueden o no producirse, pero en el papel existen para justificar la salida del dinero público. En el escalón intermedio de la pirámide están los nexos entre los líderes (que aprueban los listados) y los trabajadores cuyos nombres se usan. Estos son coordinadores colocados para tal fin en los sectores públicos de mayor demanda de personas, principalmente Educación, Salud, Transportes y Vivienda. Son personas de confianza que actúan como operadores de partido, además del rol que les corresponde en determinado ministerio o dirección regional. Esto no es ningún misterio, es la corrupción institucionalizada de la que debemos avergonzarnos.

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