Patrón de conducta

COLUMNA: Rolando Rodrich

Qué tendrá que ocurrir para que el presidente Vizcarra se convenza de lo dañino que resultan para la credibilidad, confianza y transparencia las reuniones ocultas. Peor si no son buenas juntas, “más pior” si es la contraparte la que le pone como condición que el cónclave sea mantenido en reserva, que no es más que un eufemismo de secreto. Mal ha hecho Vizcarra en sostener esas dos conversaciones ocultas, porque si hubieran sido públicas, no habría mayor problema en que Ejecutivo y Legislativo coordinen, a pesar de que, si guardamos las formas, el representante del Legislativo es el presidente del Congreso, no la jefa del partido mayoritario en el Parlamento porque -de facto- ella es la que manda. Más extraño aún resulta que la misma persona que pidió mantener silencio público sobre ambas reuniones sea quien rompa el acuerdo y las haga públicas. ¿De qué estamos hablando? ¿De una trampita para dejarte en offside? ¿Quién gana y quién pierde en esta jugarreta? Felizmente que no llegaron a nada, de lo contrario, ya hasta podríamos ir preparando a la segunda vicepresidenta. Todo este malestar entre los intereses que representan Fujimori y Vizcarra no es, como dice, las discrepancias entre lo urgente y lo importante de las agendas. Eso es para lo políticamente correcto. Lo que realmente les molesta es el referéndum, por dos razones: la primera porque ha capturado el sentimiento de rechazo de la población hacia el Congreso, y la segunda porque, como consecuencia de ello, los integrantes de este Congreso no podrán reelegirse. Se les fue la mamadera. El patrón de conducta del fujimorismo sigue siendo el mismo que vemos desde que PPK les ganó, por un pelo, la Presidencia de la República.

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