Piratas y filibusteros

COLUMNA: ROLANDO RODRICH

No sé por qué nos escandalizamos con lo que están haciendo nuestros gobernantes, estén en el Congreso o en el Ejecutivo, si somos nosotros los que los hemos puesto allí. ¿Que nos equivocamos, que no teníamos cómo saber que eran de semejante calaña? Ya pues, si la misma tonada escucho con cada cambio de posta gubernamental, desde que tuve edad electoral. Los galifardos estos saben que buena parte de su electorado aprueba o les tiene sin cuidado lo que hacen. Que la gente que sale a las calles, a decir lo contrario es poca, pertenece a segmentos ideologizados, polarizados que no van a ir más allá. Si no veamos a Venezuela, no pasa nada con la calle. Al menos por ahora. Qué hacemos entonces si la calidad de la clase política no va a cambiar de la noche a la mañana. ¿Nos resignamos a soportarla, esperando que por generación espontánea la educación y la cultura vayan haciendo lo suyo, a su ritmo? ¿Y si en vez de mejorar se deteriora?

Muchos son -somos- de la opinión de que gran favor nos haría PPK si al irse se lleva consigo a todo el Congreso, porque si bien a PPK podríamos aguantarlo, arrastrándonos, hasta el final de su mandato, a estos congresistas ya no los soporta nadie. Quiero decir, que ya es tiempo de ir poniendo acento en las mejoras de esta calidad. ¡Y ni se les ocurra pensar que el Congreso es el lugar desde donde hacerlo! ¡Al revés! Los ciudadanos tenemos que conseguirlo desde otros lugares. El voto no obligatorio, que empujará a los partidos a institucionalizarse y trabajar permanentemente, no solo para cada elección, en la fidelización de su militancia. Y los cargos políticos no remunerados, solo gastos, para que no atraigan a los vagos y desocupados, piratas y filibusteros. La democracia no es perfecta, hay que ayudarla, igual que al mercado que, si se lo deja actuar solo, puede ser muy injusto. La matemática es inhumana.

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