Poca capacidad del Estado ante urgencias

COLUMNA: EDITORIAL

Mientras continúa la propalación de audios que ahonda la crisis en la que se debate el país y Ricardo Gareca renueva como técnico de la selección peruana tal como deseaban millones de compatriotas, el Perú sigue conmovido por la muerte de 10 personas luego de ingerir alimentos en mal estado en Ayacucho.

Las idas y venidas en las investigaciones de jueces y de miembros del Consejo Nacional de la Magistratura están alargando cualquier sanción a estos personajes. Para muchos, es una clara concesión a la corrupción.

Sigmund Freud, el padre del Psicoanálisis, decía que cuando el ser humano se irguió sobre sus pies y separó la nariz de la tierra, el sentido del olfato pasó a segundo término y fueron más importantes la vista y el oído. Han pasado millones de años y el concepto es preciso para estos tiempos en los que todo se ve y todo se escucha, agregando que existe una velocidad de prejuzgamiento increíble.

En tanto, en el distrito de San José de Ushua, Ayacucho, una intoxicación masiva ha dejado en evidencia la poca capacidad del Estado para resolver casos de emergencia en el Perú profundo. Con una posta médica, un técnico sanitario y pocas medicinas, era imposible atender la urgencia. Si a ello le agregamos las dificultades para conectarse con otros distritos y provincias cercanos por la falta de carreteras, era prácticamente imposible atender a los afectados de forma inmediata. El Gobierno tiene un nuevo reto. Que los pueblos más pobres del país estén también en la agenda nacional.

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