Prensa electoral

COLUMNA: ROLANDO RODRICH

Cuidado con el que te dice lo que estás esperando escuchar, lo que te gusta para que te acaricie el oído. La clave para seleccionar una opción electoral radica en la capacidad de discernimiento del elector, pero eso no lo libra de innumerables influencias subjetivas, cargadas de emotividad y simpatías irracionales. Es muy difícil que un candidato anteponga la verdad al riesgo de perder simpatizantes y votos. En este contexto y ante una atmósfera intoxicada por la avalancha de informaciones no confirmadas en las redes sociales, los medios tradicionales recuperan su rol de análisis y reflexión en la medida que su credibilidad se lo permita. La credibilidad es un valor que se ha deteriorado mucho en los últimos tiempos en buena parte de las instituciones sociales, y la prensa y el periodismo no es la excepción. La prensa no tiene buena prensa, porque los enemigos de la verdad los tiene tanto fuera como dentro. Los ciudadanos, los electores, la opinión pública, al final de cuentas, tienen todo el derecho a dudar de la credibilidad de los medios ante el riesgo de las presiones del poder del dinero.

Pero no podemos ignorar que el chantaje publicitario afecta a los medios débiles económicamente, y es mucho menos probable que un medio institucionalizado hipoteque su futuro y la confianza de sus audiencias por un proyecto que durará muy poco. Y esto se demuestra, primero, mediante ese trabajo informativo que ayuda al elector a decidir. Demanda, por ejemplo, la exhaustividad y el detalle de los planes de gobierno, los perfiles y antecedentes de los postulantes, la evaluación que aclare si es factible lo que ofrece o se trata de promesas demagógicas. El segundo mecanismo clave es el tratamiento cuidadoso con que deben manejarse las encuestas de preferencias electorales, técnica mañosamente utilizada por los operadores de las campañas para la manipulación.

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