TRUMP, SUS ENEMIGOS Y EL PODER

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

El reciente artículo anónimo publicado en el prestigioso New York Times -no estoy de acuerdo con que se publiquen textos sin firma, pero ese tema lo podríamos ver después- contra Donald Trump, el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, confirmaría que es uno de los jefes de Estado más odiados en la historia de este país, hecho independiente en 1776. Sus enemigos están en todas partes, eso no es novedad, pero se agrava la situación cuando los cuenta en el mismísimo gobierno que él lidera, y acaso en el entorno más cercano a la Casa Blanca. Que los tenga no debería sorprenderlo ni atemorizarlo, porque un actor político como él sabe que siempre los tendrá. También que suelen ser más cuando se cuenta más poder y esa es una regla de la ciencia política que nunca falla; contrario sensu, aquel que carece del poder o que ya no lo tiene, pasará inadvertido hasta por su propia sombra, la que podría hasta desdeñarlo. El problema es que Trump, que en efecto tiene mucho poder, parece no saber administrarlo y por esa razón sus enemigos ahora son mucho más que antes.

Escribir una crítica sobre la acción gubernamental de un presidente no es malo y es lo más democrático que existe, pero que se haga con el único objetivo de dañarlo, lo cual ya es malo, confirma que los enemigos están en sus narices y eso lo convierte en un mandatario vulnerable. Los enemigos de Trump no quieren que concluya su mandato. Interrumpirlo no sería una historia nueva en EE.UU. y que sea de manera trágica, tampoco. La lista de defenestraciones por diversas causas y de distintas maneras, es triste en la historia estadounidense. El contexto de las recientes exequias del respetado senador John McCain, que mantuvo una frontal relación política con Trump, y que pidió en su lecho de muerte que el presidente no estuviera presente en sus funerales, ha contribuido, seguramente sin proponérselo, a que los odios al mandatario se acrecienten. Trump ha ganado muchos enemigos que pudo evitar. Debe tener cuidado porque sus enemigos quieren el poder, no tiene moral. No digo que el poder sea inmoral. No. Digo que es amoral porque no le importa la manera de conseguirlo, solo tenerlo. 

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