¿Utilizando el dolor?

COLUMNA: ARIANA LIRA

La discusión sobre la visita guiada que el congresista Donayre realizó al LUM merece un debate que, sin duda, excede el espacio de estas líneas.

Hay algo, sin embargo, que no debiera pasar desapercibido. Y es que, más allá de la visita misma, hay algo que queda en el fondo: el enfrentamiento, desde el Congreso, con el Ejecutivo en base a un asunto de indignación generalizada.

Ya por el 2017 fue el Congreso el que culpó al entonces ministro del Interior, Carlos Basombrío, por la infiltración del Movadev en los gremios de maestros. Del mismo modo, los legisladores, quienes acusaron una supuesta ideología de género en el currículo escolar, fueron detrás de los ministros de Educación Jaime Saavedra y Marilú Martens.

Estos casos comparten un común denominador: los reclamos hechos por los congresistas se basan en cuestiones que, con justicia, agitan a la población. Por un lado, la educación de los niños -esté uno o no de acuerdo con el enfoque de género, la educación despierta las más tormentosas pasiones- y, por otro, el sombrío episodio de violencia vivida en la era del terrorismo.

En el caso del LUM, nos encontramos nuevamente ante una puesta en evidencia de una presunta mala gestión del Ejecutivo (Ministerio de Cultura) por parte de un miembro del Congreso.

Por supuesto que no está mal fiscalizar a un Ejecutivo que patine en temas como estos. El problema aparece cuando dichos asuntos son utilizados de manera manipuladora e imprecisa para arrinconar adversarios. La pregunta es: ¿fue utilizado el justo temor y dolor de los peruanos para un pleito político por parte del congresista Donayre?

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