WILLIAM WALLACE: 713 AÑOS DE LA MUERTE DEL GUARDIÁN DE ESCOCIA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

La espectacular película Corazón valiente, que fuera escrita, dirigida y protagonizada por Mel Gibson, hizo mundialmente conocido a William Wallace, el más trascendental personaje de la historia de la independencia de Escocia, que murió un día como hoy, hace 713 años, a manos de la Corona de Inglaterra, luego de que llevara adelante una de las rebeliones más encendidas contra el régimen imperante encarnado en el rey Eduardo I “El Piernas Largas”. El trágico final de Wallace, que fuera torturado con crueldad extrema, jalado por caballos buscando que sus miembros fueran arrancados, luego seccionado sus miembros, y finalmente decapitado, nos recuerda a los peruanos la muerte también trágica de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, cuya ejecución fue similar luego de encabezar una rebelión contra el abusivo y cruel corregidor español Antonio de Arriaga, el 4 de noviembre de 1780. Wallace ha legado al pueblo escocés el innegociable valor de la dignidad humana y de la valentía. Para sus captores no fue difícil imputarle el cargo de alta traición durante el juicio al que fue sometido en Londres luego de ser traicionado por los nobles escoceses, timoratos y cobardes amantes del statu quo que se pusieron a las órdenes del rey con tal de no perder sus vidas de holgazanes y llenos de frivolidad. Wallace se defendió proclamando que jamás había cometido alta traición “… porque nunca juré lealtad al rey inglés”. Wallace fue burlado sin compasión por sus verdugos, quienes tenían el claro mandato de eliminarlo. Así, antes fue arrastrado desnudo por las calles de Londres, hasta donde había sido trasladado, y nadie tuvo compasión de él (tampoco la pidió). El llamado “Guardián de Escocia” jamás se doblegó en sus principios. El antivalor de la traición es el mayor de la inconducta humana que refleja la profunda bajeza existencial del hombre. Lamentablemente, la traición no es un monopolio del pasado. Hoy la traición se confirma imperdonable en muchas sociedades en el mundo y debe ser castigada sin discusión. El legado de Wallace, entonces, debe ser relievado en la historia universal contemporánea.

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