Una familia positiva pese a vivir con VIH

Tres de sus cinco integrantes son portadores del virus. Estremecedor caso en Pucallpa devela el drama de padecer el virus y cómo enfrentar este mal

Una familia positiva pese a vivir con VIH

Por: Juan José Gómez (jjgomez@grupoepensa.pe)

Laura y Javier decidieron ser padres pese a ser portadores del VIH. Ambos tomaron las precauciones del caso: esperaron que su salud se estabilizara y después asistieron a todos los controles de embarazo. Sin embargo, la probabilidad de que el bebé sea contagiado era alta. Los médicos se lo advirtieron a la pareja.

“Si bien ahora hay métodos para evitar que el virus se transmita al niño, no es del todo seguro. Sí existen casos de bebés que nacen sanos así tengan padres portadores del VIH, pero son excepciones”, manifestó Hugo Rázuri, oficial de salud de Unicef.

Y Laura y Javier lo sabían, eran conscientes, pero igual se animaron. Laura cuenta que para el parto se presentaron complicaciones. Estaba programado para ser por cesárea, pero al final terminó siendo un parto natural. “La preocupación por mi niño era inmensa; afortunadamente, cuando le hicieron los exámenes, dio negativo”, recuerda.

Para Javier, en especial, la noticia fue como sacarse la lotería. Javier recuerda que el nacimiento del bebé opacó todo lo negativo que significó lidiar con el personal médico del hospital previo al parto. “Me buscaban por los pasillos gritando: ‘¿Dónde está el esposo de la señora con VIH?’. Yo preferí que mi familia no estuviera presente ese día”, recordó.

Con miedo

Javier y Laura, que radican en Pucallpa, se conocieron cuando trabajaban en un centro de salud. Ella laboraba como enfermera y él como técnico de laboratorio. Su relación se inició con temores. Laura había sido diagnosticada con el virus y en los primeros días que salían no se animó a decírselo. No obstante, fue responsable al contarle que era portadora y pedirle que se someta a la prueba de Elisa. “Quería evitar malentendidos futuros. Javier lo hizo y dio positivo. La vida me ponía un nuevo reto: ser su soporte”, relata Laura acongojada.

Él se animó a someterse al diagnóstico, pero hay personas que todavía no se deciden. Sobre todo los adolescentes son los más renuentes. Se sabe que en esta etapa de la vida ocurre el mayor índice de casos con VIH (ver infografía).

Hugo Rázuri recuerda que el Estado hace el esfuerzo para que los jóvenes vayan solos, sin necesidad de ir acompañados de sus padres, pero aún existen centros de salud, en distintas regiones, que no lo permiten. “Debería haber una sola idea y en todo el país debería cumplirse. Una mayor fiscalización ayudaría a que se cumpla”, explica.

Laura y Santiago

Ser soporte para alguien no es algo nuevo para Laura. Ella sabe lo que es apoyar incondicionalmente. Ella estuvo al lado de su hermano en todo su tratamiento hasta que murió víctima del sida. Lo mismo le pasó con su primer amor -el padre de Santiago, su primer hijo-, quien se abandonó a las drogas, al alcohol y a una vida promiscua. Él también murió.

Sobrellevar la vida no fue nada sencillo para Laura. Santiago, al año de nacido, fue diagnosticado con VIH. Al enterarse, no dudó en viajar a Lima. Una vez que inició el tratamiento de Santiago, encontró dificultades. “Fue el momento en que aprecié la grandeza del amor de mis padres hacia su nieto. Ellos han sido y siguen siendo nuestro gran apoyo”, comenta.

Jóvenes en riesgo

El rechazo que sintió Laura puede que sea un factor para que los jóvenes no se animen a hacerse la prueba. Ese temor de salir positivo. Ese miedo de ser madre joven, como Laura, y portadora.

Si bien para Hugo Rázuri el Estado, a través del Ministerio de Salud, desarrolla una labor positiva, considera que el mensaje no está enfocado a las distintas poblaciones.

El experto resalta que “la población juvenil es la más difícil de animar para que se realice el diagnóstico”.

En ese sentido, Laura señala que si los jóvenes con VIH llevan un estilo de vida saludable y no descuidan su tratamiento con los retrovirales, pueden ver un futuro positivo.

“Santiago y yo pudimos retomar nuestras vida cotidiana de madre e hijo. Somos una familia portadora del VIH, pero estable y feliz”, afirma.

Javier sabía que Laura tuvo a Santiago cuando era joven. Su apoyo con la crianza del niño fue permanente. Laura resalta que el trabajo con Javier ha sido de socios. Socios para derrotar al virus. “Como padre, converso mucho con Santiago sobre su sexualidad, a veces en broma, a veces en serio, pero siempre recordándole que él tiene que ser muy responsable con sus actos porque puede afectar la vida de otra persona”, añade.

Manos a la obra

La labor de Laura como madre y esposa portadora de VIH no le ha impedido trabajar. Ahora ha encontrado su lugar en el mundo. Lleva más de tres años como consejera del Programa de Infecciones de Transmisión Sexual de un hospital. Su mayor preocupación es que las personas no quieran luchar. Que claudiquen tan rápido. Confiesa que su trabajo diario consiste en mantener encendido el deseo de vivir de las personas diagnosticadas con VIH en la ciudad de Pucallpa.

Por su parte, Javier dejó su trabajo en los laboratorios. Ha decidido ser voluntario en un centro de salud, porque observó que a las personas no les importa la prevención de la enfermedad. “Todo lo que aprendo acá lo traslado a mi hogar. Todos conocemos al virus, pero ninguno le teme”, sentencia.

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