Cronwell Jara, escritor peruano: “Aspiro a retirarme para estar en paz conmigo y con mi escritura”

​Narrador será reconocido con el Premio Casa de la Literatura Peruana 2019 el próximo 25 de abril
Cronwell Jara, escritor peruano: “Aspiro a retirarme para estar en paz conmigo y con  mi escritura”

Cronwell Jara, escritor peruano: “Aspiro a retirarme para estar en paz conmigo y con mi escritura”

21 de Marzo del 2019 - 10:41 » Textos: Bryan Paredes bparedes@grupoepensa.pe » Fotos: Handrez García/Casa de la Literatura

Cronwell Jara nos recibe en un salón del Centro Cultural de la Universidad Nacional Federico Villarreal, donde imparte talleres de narrativa, luego de haber terminado de escribir un cuento, para conversar sobre su arrebato juvenil de quemar sus primeros textos, la literatura peruana actual, su última novela, y su deseo de jubilarse e irse al fin del mundo para seguir escribiendo en paz.

¿Cómo tomó la noticia del Premio Casa de la Literatura Peruana? Me alegraría si mis padres y mi abuela estuvieran vivos: serían los más alegres. Ellos me dieron todo para que yo sea escritor, pero ya murieron. Cuando me entero de la noticia, sentí un vacío. ¿Con quién celebro? Me dio tristeza. Para desviar mi impacto, pensé en los amigos: los que más se alegran.

También comentaba que los premios no los toma como antes. ¿Ahora qué lo emociona como escritor? Acabar un libro. Ahorita he acabado un cuento y ya estoy tranquilo. Es para niños y me encanta porque se sale de la norma.

¿En realidad quemó todos sus cuentos cuando estaba en la universidad? Yo tenía cajas y ahí guardaba cuadernos, dibujos, poemas, fábulas. Hacía novelas a los 13 años. Iba a investigar por instancias del profesor Víctor Mandujano Bullón. Nos hizo perderle el miedo al mostrador de la Biblioteca Nacional. Me acuerdo de varios títulos de mis cuentos, pero los quemé cuando estaba en San Marcos. Y ahí gané un premio importante en el ciclo básico; se llamaba “El cojo Juan”. También lo quemé.

¿Lo desapareció a pesar de que su texto fue premiado? Lo quemé, pero me arrepiento. No debí quemar fábulas; debí discernir mejor. Hasta ahora siento las melodías de algunos relatos.

Fue un arrebato de juventud... Sí, un arrebato de todo o nada. En la universidad, me enfrentaba a Hemingway, Chejov, Maupassant, Dostoievsky. Entonces me dije “lo quemo y, aparte de las clases, me voy a la Biblioteca como siempre y me encierro a leer para ver cómo usan las técnicas”. Y así aprendí cómo crear un cuento.

¿Pero no era una valla muy alta? Sí. Al día siguiente que fui a la universidad, me sentí vacío. Antes llevaba un harapo; era mi conciencia que me jodía: “Tienes cuentos hasta las huevas; quémalos, rómpelos, desaparécelos. Te dará vergüenza si te mueres y descubren que tienes esa basura”.

¿Y cómo fue el proceso con Patíbulo para un caballo? Me perdí ahí cinco años haciendo, rehaciendo, reconstruyendo. Me descerebré, quemé neuronas, me jodí feo; pero aprendí. Y una vez que acabé la novela, hice Las huellas del puma. En tres meses, 24 cuentos. Era una viada. No dormía más que una hora, lloraba del dolor, no me alimentaba bien. Ahora ya sé cómo dominar mi estrés. Sé qué debo hacer para no caer en el desgaste, el “surmenage”. Cuando escribo, puedo estar semanas y meses ahí, ahí, ahí.

¿Esto lo cuenta en Patio de Letras? Toda esta locura está ahí. Es un híbrido de ficción y memorias, basado en mi propia biografía, pero sostenido en la realidad que me rodeaba y en las investigaciones de la época.

¿Sigue escribiendo como antes? Siento que estoy en mi plenitud. Patio de Letras va a ser mi mejor novela. No porque sea la última, sino porque tiene más esfuerzo. Estos ocho meses de escritura fueron intensos.

¿Qué le parecen los libros que se publican ahora? La visión de los cuentistas en Lima apunta a ser cosmopolita, ubicarse en Canadá, New York o Europa. Van con sus conflictos y hacen una historia, y también escriben bien. Es bueno, pero no es lo ideal. Creo que los mejores cuentistas están ahora en las provincias: se sumergen en la tierra; están hablando con sus mitos, tradiciones, filosofías. Están Feliciano Padilla, Flores Aybar, Dorian Espezúa. Darwin Bedoya es un genio. Ítalo Morales es un “capazote”. Ojalá que no se crezcan. Cecilia Granadino Penalillo tiene un lirismo que le gana a cualquiera. También Catalina Bustamante y Rossana Sala.

¿Ser escritor en el Perú es ser valiente? Sí. Como yo gano un sueldo, no me preocupo por tener abundancia de dinero. Me basta con vivir tranquilo y en paz, y escribir. Otra cosa es que mis amigos vengan y me digan “qué cojudo eres, por qué no sales en editoriales grandes”. No me gusta ir a regatear. Mi carácter no está para ponerles la cara y decirles “me tienen que publicar; yo soy fulano, he ganado premios”. Otros lo hacen, yo no.

¿Tener tiempo para escribir es el éxito para usted? Sí. Al jubilarme, quiero ir a la Cochinchina a escribir por ahí. Mi amigo Maynor Freyre me dice “no te vayas, vas a desaparecer”. Eso es lo que yo quiero. “Pero tu libro ¿quién lo publica?”, me pregunta. Ya se verá. Aspiro a retirarme para estar en paz conmigo y con mi escritura.

PERFIL 

Cronwell Jara J.

Escritor y docente

Nació en Piura en 1949. Ha publicado cuentos, poemas y novelas. Ganó premios como el José María Arguedas 1979 y el Copé de Cuento 1985, etc.

CIFRAS

38 años han pasado de la publicación de “Montacerdo”, su recordado cuento.

23 años tiene dirigiendo los talleres de narrativa en el C.C. de la Villarreal.

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