Diego Salazar: “Nuestro trabajo no es rellenar las páginas web”

El autor advierte de los peligros de la inmediatez imperante enlas redes, cuyos resultados ya se observan en el periodismo actual
Diego Salazar: “Nuestro trabajo no es rellenar las páginas web”

Diego Salazar. Escritor. Colabora en The New York Times desde 2017 y ha sido editor multiplataforma de Perú21, editor asociado de Etiqueta Negra, entre otros. Posee estudios en la Universidad Complutense de Madrid

20 de Julio del 2018 - 15:52 » Textos: Una entrevista de Alonso Collantes » Fotos: José Luis Cárdenas

La falta de verificación de datos, el rebote casi por defecto de los contenidos y la influencia de las redes sociales son factores que han trastocado el periodismo y su modelo de negocio. Esta vuelta de tuerca es una de las inquietudes que explica Diego Salazar en No hemos entendido nada, libro que presentará este domingo en la FIL Lima como un intento por mejorar la profesión.

¿Qué cosas del modelo ad-driven siguen vigentes? 

Creo que está muerto. Cada medio está obligado a buscar el suyo. En los próximos meses escucharemos hablar -no solo en el Perú, sino en general- de suscripciones y todos querrán cobrar por ellas. Lo que olvidan es que sirve cuando uno tiene la audiencia del tamaño de The New York Times, The Economist, Wall Street Journal, o su prestigio. Deben intentar encontrar todas las formas posibles de monetizar y una de ellas es el dinero de publicidad. Pero hasta hace nada, ese era el modelo para todos y ha volado por los aires. Difícilmente sobrevivirá.

Propones que el periodismo en tiempos de internet tiene poco más de una década... 

No se dice suficientemente que Facebook tiene 10 o 12 años de vida. Evidentemente es la gran disruptora del modelo de negocio de la prensa, porque ya había empezado con Google.

¿Por qué pocos medios o periodistas apuestan por el fact-checking?

Pareciera que todo el periodismo que se hacía antes era muy bueno, algo que no es cierto. Pero lo que sí es cierto es que el modelo de producción de noticias para un diario permitía ser más riguroso. Hace 30 años se escribían 2 o 3 notas al día como mucho. Hoy, debido precisamente a la demanda absurda de publicar más en web, pensando que se generará más visitas, dinero y publicidad, hace que los medios publiquen tonterías haciéndolas pasar como noticia. Los resultados son redacciones llenas de gente que están viendo Twitter, Google Trends y canales de noticias 24 horas en la TV.

Criticas a los periodistas Ryszard Kapuściński y Michael Rosenthal por tergiversar los hechos... 

Arthur Domoslawsky escribió un libro sobre Kapuściński después de su muerte. Antes de la publicación, ya había rumores de que él mentía flagrantemente en su vida y obra. Lo enlazo con Rosenthal porque ese tipo de mentiras se suelen justificar apelando a una superioridad moral sin que importe la veracidad. Eso es un error. La forma en que podemos recuperar algo del prestigio y la confianza empieza por hacer nuestro trabajo, y eso no es precisamente rellenar las páginas web de noticias sobre fantasmas, gatitos y demás.

Muchos medios se excusan en la buena fe o notas de prensa que les llegan, ¿cómo combatir esta tendencia si en las redacciones prima la inmediatez? 

Dudar. El trabajo de un periodista es dudar. El periodismo en directo es un oxímoron porque necesita de una pausa y una pequeña distancia, al menos, para verificar las cosas.

¿Qué puede hacer el lector para discernir las noticias falsas y los anuncios si la noción de ‘contenido’ en redes lo abarca todo?

Ese es el legado de Facebook: haber eliminado la división. Todo es contenido, y de hecho nos ha convertido en anunciantes de nosotros mismos. Como lector, hay que intentar no informarse exclusivamente del feed de Facebook o Twitter y también ver las noticias fuera de las redes sociales, ya sea yendo a las webs de diarios o leer en otros idiomas.

¿Cómo hacer que los lectores exijan una mayor calidad periodística? 

Sí la exigen. Una de las cosas que aprendí mientras escribía es que el diario impreso era un paquete informativo donde las noticias formaban solo una parte. Si uno quería ir al cine, comprar un jarabe, necesitaba el periódico. Había una cantidad de información necesaria para vivir en comunidad. Con la disrupción digital a fines de los noventa, estos servicios o contenidos que no eran noticia se van a internet. El resto del contenido pagaba un corresponsal en Pekín, tener ejércitos de fotógrafos, etc. El negocio de los diarios era tremendamente rentable, tanto que quienes producíamos nos permitimos ignorar su funcionamiento. Por eso estamos inermes ante el nuevo tiempo.

¿Qué de nuevo tiene la posverdad? 

Hay una confusión tremenda en torno a ella. No es que haya más mentiras o los poderes fácticos intenten tergiversar las cosas, es algo menos organizado y más caótico. La promesa del acceso que da internet o las redes sociales no ha sido cumplida, en parte por la hiperpersonalización de buscadores y redes sociales que se alinean con nuestra opinión e intereses.

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