Enrique Cortez: “La literatura nos muestra un momento emocional de la historia peruana”

Acaba de publicar el libro Incendiar el presente. La narrativa peruana de la violencia política y el archivo (1984-1989)
Enrique Cortez: “La literatura nos muestra un momento emocional   de la historia peruana”

Enrique Cortez: “La literatura nos muestra un momento emocional de la historia peruana”

04 de Septiembre del 2018 - 10:00 » Textos: Bryan Paredes bparedes@grupoepensa.pe » Fotos: Miguel Yovera

El académico Enrique Cortez ha enfocado un nuevo estudio sobre la literatura peruana durante la época de la violencia terrorista, con un enfoque desde lo testimonial y el archivo, en su libro Incendiar el presente (Campo Letrado, 2018).

La nueva publicación es una antología de cuentos de autores nacionales como Jorge Valenzuela, Julián Pérez Huarancca, Pilar Dughi, Cronwell Jara, Carmen Luz Gorriti, entre otros, que también comparten su experiencia como narradores durante el periodo de 1984 y 1989.

En su visita a Lima, el catedrático de la Portland State University de Estados Unidos conversó con Correo sobre su trabajo intelectual en el mencionado libro, la literatura peruana y las reflexiones sobre la década del 80 ante la cercanía de la celebración del Bicentenario.

¿Cómo aporta lo testimonial para entender lo que pasó en esos años, desde la perspectiva de la literatura? 

Hay todo un debate en la literatura latinoamericana y este es casi un argumento más de historia literaria. Durante muchas décadas se consideró que la llamada literatura testimonial o producción de testimonios estaba conectada a luchas políticas por la defensa de los derechos de la gente. Pero esto se relacionaba con la izquierda, Cuba, Fidel, Che Guevara y eso no pasa en los Andes. Entonces, desde esa perspectiva, no podíamos hablar casi de testimonio en el Perú. Pero lo cierto es que en el país hay mucho testimonio. Mi trabajo intenta distanciar la producción testimonial que se hace en el Perú de esas otras corrientes latinoamericanas que no corresponden a nuestra realidad.

¿Cómo seleccionaste a los escritores? 

No es una selección en el sentido estricto, sino tomar cinco años de producción de temática sobre la violencia política. Por ejemplo, podría tomar entre el 1992, después de la captura de Abimael, y 1999. Si tomara una muestra como esa tendría, por lo tanto, otras preguntas y resultados. Esta es una metodología un poco nueva, en el sentido de que no se pregunta por cuáles son los mejores de esa época, sino más bien cuáles son los temas que preocupan o que se expresan en los textos literarios.

¿Cómo ayuda la literatura a comprender lo que pasó durante ese periodo? Es una pregunta muy compleja. ¿Cómo la literatura produce conocimiento?

Lo que esta literatura produce es un conocimiento emocional sobre los sentimientos de los narradores o los personajes con relación a lo que está ocurriendo. Una de las cosas que los escritores mencionan en las entrevistas que les hice, es este estado de confusión, de no saber. Pero esto necesita ser expresado y eso es lo que la literatura nos muestra un momento emocional de la historia peruana.

Los autores hablan de un peligro de escribir sobre estos temas durante dicha época. ¿En la actualidad, reflexionar o crear acerca de esta época es una necesidad o se sigue viendo con recelo?

Escribir, pensar y hablar sobre el tema no solo es una necesidad intelectual para conocer cómo pasó lo que nos pasó, sino para poder seguir adelante como país. Porque si estos hechos no se conocen o todavía asumimos que las víctimas que necesitan justicia tienen que ser víctimas para siempre, entonces no vamos a poder avanzar como país. Esta es una de las cosas fundamentales ya no de este libro, sino en general de pensar y reflexionar sobre esta época.

¿Qué tanto se debe seguir estudiando estos temas cuando estamos cerca del Bicentenario? 

No será un momento de celebración; no tenemos nada que celebrar como país en términos institucionales. Sí tenemos que celebrar que, como sociedad, hemos crecido y lo seguimos haciendo. Esos son elementos para celebrar. Pero como país, institución, nación, no tenemos nada que celebrar. Y lo vemos claramente en el escenario político en que vivimos. Es decir, un sistema judicial quebrado, un sistema legislativo que no ofrece garantías de nada y que también está desprestigiado en absoluto. Pero, al mismo tiempo, tenemos que ver al Bicentenario como una posibilidad de un nuevo comienzo.

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