Fernanda Trías, una de las escritoras más reconocidas de la actual literatura latinoamericana, explora en diez relatos el concepto del miembro fantasma como una metáfora de las ausencias y los dolores que permanecen en la vida humana. Y precisamente “Miembro Fantasma” (Editorial Páginas de Espuma), es la apuesta literaria que la trajo a Lima para participar en la más reciente Feria del Libro y que motivó su charla con Correo. Una honesta reflexión sobre cómo la resistencia al duelo y la dificultad para procesar la pérdida moldean tanto la identidad personal como la memoria colectiva.
De una u otra forma, en nuestras historias de vida hay un miembro fantasma que nos acompaña siempre, ¿no?
Sí, totalmente. Se van sumando las capas de ausencias, dolores y heridas que van quedando. Creo que básicamente eso es lo que hace que la metáfora y el símbolo de la ausencia dolorosa, que es el miembro fantasma, resuene con todo el mundo.
Es un dolor que permanece...
Es esa sensación de una extremidad amputada, un faltante que sigue conectado al cuerpo, es lo que nos marca a través de las ausencias, los duelos, la memoria y los dolores.
¿Cómo llevaste los relatos por ese lado en tu proceso creativo?
Prácticamente todo lo que he escrito trata de un modo u otro acerca de la pérdida. Es un tema recurrente en mi narrativa, aunque lo he abordado de distintas maneras. En Miembro Fantasma, todo se organizó al dar con la imagen del miembro fantasma y entender hasta qué punto representaba aquello con lo que he lidiado y sobre lo que vengo escribiendo desde hace tantos años. Lo que más me interesó es la resistencia del cerebro a adaptarse a una nueva reconfiguración del cuerpo, el síndrome del miembro fantasma nos enseña que el problema principal no es la pérdida en sí, sino la resistencia a aceptarla.
¿Y por qué crees que hay esa resistencia?
Creo que está en la naturaleza humana resistirse a esa aceptación porque para llegar a ella se necesita un duelo, y el duelo es algo difícil de procesar .Cuando entendemos esto, vemos que lo que hay es una resistencia a hacer el duelo; además, estos duelos se pueden leer desde lo personal o lo colectivo.. En estos cuentos, me interesaba la intersección entre los duelos personales de los personajes y los duelos colectivos. Estos últimos se relacionan con heridas en la memoria histórica, como la dictadura en Uruguay y las de la región, duelos suspendidos como las muertes de la pandemia del COVID, o tragedias como el derrumbe de las Torres el 11 de septiembre, que transformó el mundo marcando un antes y un después.
¿Respetas una disciplina estricta de horarios para escribir o eres un poco más libre?
Yo sí he ido desarrollando una disciplina, he escuchado a escritores decir que no quieren ser “oficinistas de la literatura” por escribir en un horario fijo. Sin embargo, cuando haces la escritura por pasión, no hay mayor disfrute que poder decir que le dedicas todo el día o todas las horas que quieras a lo que amas. Para un escritor, lo más lindo que le puede pasar es sentarse a escribir.
Se dice mucho que la gente ya no lee por estar sumergida en lo virtual, pero en las ferias del libro se muestra todo lo contrario.
Yo sí creo que se lee, y muchísimo. Asistir a las ferias siempre es una agradable sorpresa porque me permite encontrarme con los lectores y conversar con ellos. En la feria de Lima asistí a los eventos y a las firmas de libros para encontrarme con la gente. A veces, como escritor, uno ni se entera de que tiene lectores en otros países si no va allí a hablar con ellos.
Esos encuentros son muy motivadores.
En Lima, una chica joven se me acercó para contarme lo importante que había sido su tía para su familia, y cómo su muerte descalabró y desbandó a todos porque ella era el centro de unión. Tener la oportunidad de conversar, aunque sea un minuto, es algo sumamente significativo e invalorable, son verdaderos encuentros humanos. Esto demuestra cómo la literatura puede conectar afectividades sin siquiera conocerse en persona. Ese es el poder que tienen los libros, un poder que yo misma experimento porque también soy lectora, leo y siento ese cariño devoto por otros escritores.
Además de escritora eres profesora en una maestría de escritura creativa. ¿Hay que ser exigente con los alumnos?
No creo que la exigencia vaya a generar mejor o peor literatura, entiendo la enseñanza de la escritura creativa como un arte donde se relacionan dos artistas en distintos momentos de su proceso: uno con más experiencia y otro con menos. Por eso, mi vínculo con los estudiantes es muy horizontal, lo veo como un acompañamiento del proceso de alguien que ya es escritor, no de alguien que apenas se va a convertir en uno.
Fernanda Trías, escritora: “No hay mayor disfrute que escribir por pasión” (Entrevista)
La autora de “Miembro fantasma” nos habla de la esencia de su libro de relatos, que reafirma la importancia de la literatura para comprender las cicatrices de la violencia y las reconfiguraciones emocionales del pasado