Con el libro Aquí hay icebergs, la escritora Katya Adaui ingresa a lo más profundo del espacio privado, como los amigos, vecinos, padres o hermanos. Los personajes, quienes permanecen en el anonimato, afrontan conflictos plagados de recuerdos que, hasta cierto punto, supieron tolerar. Algunos enfrentan el dolor, otros se refugian en el olvido.
¿Cómo describirías el espacio de la familia?
Es lo primero con lo que nos rodeamos en la vida, con quienes aprendemos a comer, hablar, caminar. Sea parental o no, porque están los amigos, los vecinos. Veo las relaciones como pequeñas familias y estamos siempre puestos a prueba. Tener una familia es vivir en una perpetua negociación y cesión de territorios. De por sí, está invocada la familia a ser un conflicto por más armónica que sea. No está exenta de tristeza, dolor o tragedia. Dado que es lo más próximo que tenemos, y ser el lugar de aprendizajes, la familia es el lugar de los peores traumas. Es como un pequeño imperio.
¿Con Aquí hay icebergs exploras los espacios no descubiertos dentro de esta esfera?
Es parte de un cuento, “Alaska”. Aquí hay icebergs parte de esta idea que tiene que ver con el agua que toma la forma del envase que lo contiene. Lo mismo sucede con la memoria. Es un cuenco que se va llenando de recuerdos que se van moldeando, los cuales pueden ser muy mentirosos. También pasa con las personas. Solo verás una parte de su volumen, pues hay un territorio que esta persona tampoco conoce. Por ahí va el tema del iceberg, cómo reacciono frente al volumen del otro que me supera y se convierte en algo que me amenaza.
Como en el grupo de amigos del cuento “El color del hielo”, donde uno no llega a conocer a sus compañeros.
Me pasa que empiezo a escribir una historia en presente continuo y luego viajo al pasado inmediato o de largo plazo. Pienso en un país como el nuestro donde la memoria es algo tan frágil, con familias que esconden el dolor bajo la alfombra. Como no se habla de esto, no pasó. En esta historia, trato lo que le ocurre al personaje -cuyo nombre no se conoce-, quien ama a sus amigos, pero, una vez que comete este acto tan inesperado, dice: “Mis amigos son como pedazos de hielo flotando en aguas oscuras”. No lo vio venir. Está todo un tema de defraudarse, donde el protagonista sufre la maldad de sus amigos. Él no olvidará.
¿Uno olvida lo que desea?
Uno piensa que ha olvidado, pero de repente sucede el mismo dolor, alguien que te toca de la misma manera, y los monstruos aparecen nuevamente para que uno nunca olvide del todo y se pueda defender de eso con otra respuesta. Al menos, mis personajes, quienes niegan todo y no quieren saber nada, y los que no quieren ver para no saber, porque mientras lo sabes puedes reaccionar y actuar. “Actuar” es un verbo más bonito que solo “pensar”.
¿El recuerdo, como en el cuento “Todo lo que llevo conmigo”, sirve como algún tipo de terapia propia?
Ese cuento es como un momento sesenta en la vida de alguien. Parte de su adultez y regresa hacia sus primeros recuerdos. He tratado de que en el cuento fluyan ciertos recuerdos y emociones, cosas que he leído y recogido, para escribir la crisis de una relación en familia que es la apariencia, donde por debajo hay cosas amenazantes. Por ratos hay momentos felices, pero por otros tristeza y melancolía. Es una persona que va buscando un lugar en el mundo y familia ordenando el caos.
¿Los conflictos con el pasado significan una barrera para avanzar en la vida?
Mis personajes en este libro son bastante defensivos y ofensivos. Salen a tratar de cambiar sus circunstancias, y más bien avanzan a partir de los hechos que han atravesado. La vida les manda un plan b y tienen que luchar por surgir en sus propias circunstancias.
¿Te ha generado conflictos relatar espacios tan íntimos?
Lo veo como un trabajo que uno mismo elige. Trabajo en eso porque a mí me genera incertidumbre. Es un lugar donde puedo arreglar las cosas como quiero. La literatura permite dar ingresos, cierres, es un espacio de goce y dolor. Es como una familia, pero de uno, porque escribes solo, pero construyes con el otro. Es un trabajo de honestidad y reconocimiento. No puedo quedarme en la superficie porque estoy hablándote de icebergs, de bultos que quiero que veas.
DATO
Katya Adaui, escritora y periodista.Entre algunas de las publicacio-nes de la autora se encuentran Aquí hay icebergs, Nunca sabré lo que entiendo, Algo se nos ha escapado, entre otros.
1977 nació Katya Adaui en Lima. Es fotógrafa, escritora y periodista.
2 meses después del lanzamiento se agotó la primera edición.
12 cuentos componen este último libro de la escritora.
Katya Adaui: “La familia es el lugar de los peores traumas”
Autora publica su nuevo libro de cuentos titulado Aquí hay icebergs, bajo el sello de Literatura Random House