Marta Sanz: “Los relatos nos sirven para aliviar nuestros dolores” (VIDEO)

La autora de Clavícula fue una de las invitadas especiales de la delegación española en la 23 Feria Internacional del Libro de Lima

23 de Julio del 2018 - 10:15 » Textos: Una entrevista de Bryan Paredes » Fotos: Miguel Yovera

La escritora Marta Sanz conversó con Correo sobre su último libro, Clavícula (Anagrama, 2017), una exploración acerca del dolor, el amor, el miedo y la literatura como una forma de abrir caminos y puentes para combatir y aliviar nuestros males físicos, individuales o sociales, como el machismo.

¿Por qué decidió escribir Clavícula desde lo autobiográfico? 

Porque nace de una pulsión autobiográfica real: el nacimiento de un dolor que pretendo ordenar a través del discurso vertebrado de la literatura. Yo también pienso que toda la literatura es autobiográfica, aunque alguna vez utilicemos nuestra voz en primera persona y hablemos con nuestro propio nombre y otras veces utilicemos metáforas y ficciones diferentes.

En esta exploración, ¿cómo se dio cuenta de que no solo hablaba de usted sino de los otros? 

Eso fue poco a poco. Quienes nos dedicamos a este oficio sabemos cosas antes de escribir, pero hay otras que vamos descubriendo mientras escribimos. La literatura es indagación. Me di cuenta de que esa voz tan personal, basada en cómo prestaba atención a los sonidos de mi propio cuerpo, era también experimentar un dolor que otras mujeres habían compartido conmigo en algún momento de su vida. Por eso, casi en la segunda mitad de la obra, se da paso a las voces de ellas. Ahí entendí que mi voz no era solo terapéutica, personal y egoísta, sino que tenía que ver con la comunidad, con todos nosotros y todas nosotras.

Los varones también encontramos empatía con lo que cuenta... 

Por eso al final he dicho todas nosotras y todos nosotros, más allá de la corrección política. Utilizar el lenguaje inclusivo se relaciona mucho con que para mí ha sido muy satisfactorio comprobar cómo muchos hombres jóvenes, que en principio podrían no sentirse concernidos con esta historia, se han sentido así. Clavícula es un libro que habla de cómo no podemos separar el dolor físico del psíquico, del social, político y económico y cómo esto nos atañe a mujeres y hombres. Pero a la vez se subraya la idea de que quizás las mujeres, por la autoexigencia de una sociedad donde la brecha de la desigualdad entre vosotras y vosotros aún es muy grande, podemos sufrir más problemas de ansiedad.

¿Qué piensa del lenguaje inclusivo?

Creo que hay un exceso de ira que refleja no tanto una preocupación por la lengua, sino un malestar porque las mujeres reivindicativas puedan utilizar la lengua como arma política arrojadiza. Es verdad que “todos, todas, nosotros, nosotras” me parece que es una manera de hipertrofiar el lenguaje, que no es natural y que no nos sale. Pero hay determinados ejercicios de transformación de la gramática, determinadas violencias gramaticales o sintácticas, que se pueden utilizar perfectamente como herramientas de denuncia, sabiendo que lo estás haciendo mal a posta.

¿El relato heteropatriarcal es uno de los principales problemas de estos tiempos? 

Claro, es que todavía tenemos muchas cosas que hacer. Y podemos hacerlas sin agresividad, con normalidad. Yo confío mucho en la figura de los hombres feministas y siempre digo que el feminismo no es un discurso agresivo. Para mí, el machismo es una lacra histórica y el feminismo es un discurso que viene a corregir las diferencias entendidas como desventajas, que permeabilizan todas las facetas de la sociedad.

Volviendo a la literatura, su idea de que esta genera una comunicación entre el lector y el escritor hizo que recordara que David Foster Wallace dijo una vez que la literatura rompía con la soledad de las conciencias. ¿Alguna vez lo vio así? 

Estoy de acuerdo con eso y ojalá que lo pudiera decir tan lindo como Foster Wallace. Escribir un texto literario es iniciar una conversación con una comunidad de lectores que luego son lectores individuales. Seguir confiando en las palabras de la literatura, en una realidad tan hostil hacia los discursos largos, profundos o los que no son abiertamente explícitos me parece hermoso. La literatura es un instrumento de resistencia en esta época de superficies deslizantes y de juicios demasiados precipitados sobre las cosas. A veces escribo libros que no parecen optimistas, pero yo me siento una mujer muy optimista porque todavía confío en el lenguaje y en la posibilidad de la palabra para comunicarnos.

Ese optimismo se ve en el libro cuando se habla del amor hacia su pareja, pero también por la presencia de un amor propio que lucha contra lo que el sistema le dice...

Es la primera vez que hacen esta lectura de Clavícula y me siento identificada con eso. Sí hay algo de amor propio y de reivindicación de las cosas que te pasan a ti y cierta rebeldía para no someterte a ese deber ser en un momento determinado de las mujeres. Al terminar el libro, sin plantearlo así al principio, me di cuenta de que estaba escribiendo una historia de amor no solamente hacia mi pareja, sino hacia mis padres y mis amigos. En Clavícula, al final, lo que se está contando es cómo los relatos nos sirven para aliviar nuestros dolores. Y esa idea podemos tomarla desde un punto de vista personal e individual o social y público, y encontrar una metáfora sobre el significado de la literatura.

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