Wendy Vásquez Larraín se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su carrera con “Prima Facie”, obra que la coloca sola sobre el escenario para abordar temas como el abuso sexual, el consentimiento y las dificultades que atraviesan las mujeres dentro del sistema de justicia. En la puesta en escena, dirigida por Juan Carlos Fisher, la actriz interpreta a Tessa, una abogada que verá cómo sus propias certezas se ponen a prueba tras vivir una experiencia que cambia su perspectiva sobre la justicia.
En diálogo con Correo, Vásquez Larraín cuenta lo que implica sostener una puesta en escena prácticamente en solitario y cómo enfrenta la vulnerabilidad de estar permanentemente conectada con el público. Además, reflexiona sobre la importancia de generar empatía y contribuir a abrir una conversación sobre las experiencias de abuso.
—La obra aborda temas como el consentimiento, la violencia sexual y el sistema de justicia. ¿Cómo fue enfrentarte, desde la actuación, a una historia con una carga emocional y social tan fuerte?
Un reto y un privilegio, te diría. Por un lado, un reto, porque siempre abordar temas sensibles son movilizadores, ¿sabes? Ya sea que uno haya vivido o no la experiencia del personaje, sabemos que eso existe y que existe muchísimo más de lo que quisiéramos. Existe en una dimensión enorme y eso siempre vulnera. Yo tengo muy presente que, al contar esta historia, estoy contando la historia de muchas mujeres que probablemente están en el público y que sí han vivido esa experiencia. Y eso me compromete, me entrega una responsabilidad muy grande y también un gran honor de poder ponerme al servicio de contar esas historias.
—¿Cómo trabajaste el tránsito emocional del personaje a medida que su propia experiencia transforma su manera de entender la justicia?
Yo la verdad es que me he convertido, con el paso de los años, en una actriz que trabaja básicamente desde su intuición. Yo te mentiría si te dijera que he hecho cosas muy técnicas o que he seguido cierta metodología.
La verdad es que cada vez apelo menos a recursos técnicos y, sobre todo, me centro en mi poder de imaginación, en las experiencias que he vivido y que puedo asociar con esa sensación, con lo que va viviendo el personaje, pero de una forma bastante inconsciente. Para mí, el trabajo es preparar mi cuerpo, mi corazón, mi mente y mi alma para transitar esa historia y simplemente dejar que mi propia sabiduría interior, mi propia experiencia, vaya atando los cabos y creando esos puentes entre quién soy yo y quién es el personaje.
Básicamente para mí es eso: seguir el texto, estar ahí, abrirme y confiar. Yo diría que, en gran porcentaje, es un trabajo interior de prepararme para confiar; para confiar en que puedo sostener este material, en que puedo procesarlo a través de mí y entregarlo a otros, en servicio.
El trabajo del artista es un trabajo de servir a otros. Yo siempre siento que mi trabajo es una ofrenda para quienes están viéndolo y que mi mayor objetivo es que eso pueda resonar en alguien y, ojalá, transformar también a alguien a través de lo que entrego. Entonces, es bastante intuitivo, te diría que no hay mucha metodología detrás.
—¿Crees que interpretar esta obra también te ha llevado a cuestionar o replantearte algunas ideas personales sobre la justicia y la verdad?
Sí, digamos, sobre todo, ahondar. Yo creo que no es nada nuevo para nadie que el sistema de justicia funciona de manera muy pobre, muy injusta, diría que cruel en muchos casos, y sobre todo en lo que respecta a las leyes sobre las experiencias de las mujeres, porque, como bien dice el personaje, la ley ha sido moldeada por generaciones y generaciones de hombres.
Entonces, ¿cómo van a definir los hombres las reglas que determinan qué es verdad en una experiencia femenina? Creo que eso no era una novedad para nadie, pero efectivamente, como señalas, este proceso me ha hecho conocer más cómo funciona y, por lo tanto, empatizar más también con lo que vive el personaje y con la necesidad de transformar las leyes que nosotros mismos, como seres humanos, hemos establecido para que rijan nuestras conductas, para determinar qué cosa es verdad, qué cosa no es verdad y cómo debemos gestionar la justicia.
—¿Qué ha sido lo más difícil de sostener en escena en una obra tan intensa y, al mismo tiempo, qué ha sido lo más gratificante?
Yo creo que lo más difícil es que estoy sola en el escenario y mi compañero, digamos, mi interlocutor es el público. Y te digo que es difícil porque siento que, como público, todavía somos una cultura que está recién aprendiendo a ser un público activo, consciente de que también estamos haciendo la función con los actores
Yo siento que si bien hay un público que va siempre al teatro y que está absolutamente dispuesto a hacer la obra con los actores, y que es consciente de cuánto su participación determina lo que los actores están haciendo, pues todavía no es una cultura que esté difundida.
Siento que muchas veces en las funciones, el público está presente como lo está en una función de cine, como si los actores no estuviéramos ahí realmente y sin ser tan conscientes de que cualquier movimiento que hacen, cualquier sonido, si yo me pongo a tomar agua, si estoy viendo mi reloj, por más que no suene la luz de la pantalla, son cosas bien difíciles de gestionar para mí, porque estoy sola y porque los estoy mirando a los espectadores todo el tiempo.
No me había pasado nunca antes porque, en obras en las que normalmente uno interactúa con otros actores, nuestra atención está en nuestros compañeros. Pero en esta obra mi atención está plenamente en los espectadores. Entonces, es como que no puedo evitar ser testigo también de lo que ellos están sintiendo y de cómo están dialogando conmigo.
Hay funciones en las que el público está súper conectado, presente, inmóvil, y eso me da un montón a mí porque veo sus reacciones. Y en otros momentos también estoy aprendiendo a gestionar esas situaciones en las que aparecen distractores desde el escenario y que me dificultan seguir contando la historia, sobre todo una historia que requiere tanta concentración por la cantidad de texto que tengo que entregar y, especialmente, por el viaje emocional, que es muy sensible. Es como que yo me siento súper vulnerable en escena y estoy aprendiendo cómo fortalecer mi concentración, que es muy, muy indispensable.
—La obra plantea un contraste entre la ley y la experiencia de las víctimas. ¿Qué reflexión te gustaría que el público se lleve sobre esa tensión?
Yo te diría que me da muchísima gratificación solamente con que el público pueda reflexionar sobre este tema, ¿sabes? Que los hombres y las mujeres podamos realmente comprender qué es lo que pasa en una mujer cuando tiene esta experiencia de abuso.
Creo que, a veces, sobre todo los hombres, me imagino, no se ponen tanto a pensar en cómo vive eso una mujer. Y las mujeres, de pronto, sí lo tenemos más claro: las que lo han vivido, pues mucho más, y las que no, por empatía con otras mujeres.
Muchas veces lo que pasa con las mujeres es que no han tenido la posibilidad de hablar de estas experiencias porque hay demasiados tabúes alrededor, porque incluso hay mucha crueldad hacia las mujeres que denuncian estas situaciones. Hay como un maltrato, yo no sé si sea voluntario, pero sí hay mucha dificultad en las mujeres para aceptar ellas mismas estas experiencias y, más aún, para expresarlas.
Si hay algunas mujeres que han vivido eso y que, al ver la obra, sienten que de alguna manera están siendo representadas, vistas y escuchadas, eso es un montón. Es un regalo inmenso para mí. Y, más aún, si de pronto algunas de ellas sienten que, después de eso, se encuentran más en capacidad de hablar de ellas mismas y de sus propias experiencias. Y los hombres, ojalá puedan comprender más cómo se vive esa situación y que todos podamos tener un poco más de empatía y de determinación para hacer todo lo que podamos para transformar cómo funciona el sistema que nos debe proteger a todos por igual.
-
Wendy Vásquez Larraín: “Siento que mi trabajo es una ofrenda para quienes están viéndolo”
La actriz peruana reflexiona sobre el reto de interpretar “Prima Facie” y llevar al escenario una historia que cuestiona al sistema de justicia y sus respuestas frente a las mujeres.