POR: SARKO MEDINA
Álvaro Ique Ramírez (Iquitos, 1949) es autor de más de 15 libros publicados desde 2008, entre ellos “Morgana en los infiernos/mandrágora” (2008), “Rosas y putas” (2015), “Sicario” (2019), “Iquitos Lesbo” (2023) y “Con un hacha en la mano” (2024). Sus dos títulos más recientes, “Espérame en Caballococha” y “Delirios de cantina”, llegan a Arequipa publicadas por Editorial Mesa Redonda.
¿De qué tratan estos libros que presentarás? Ambos libros provienen del estanco del cuento y son consecuencia de ese desvarío que tiene que ver con la vida transgresora. Todos los personajes son maravillosamente desadaptados, burlándose los unos de los otros; pero, sobre todo, de ellos mismos.
José Carlos Yrigoyen dice que escribes “sin miedo al exceso”. ¿De dónde nace esa voz irreverente? Nace a partir de ese mundo tan feliz que es la adolescencia, donde se ve con más nitidez el fraude de los adultos, la desconsideración, el desafecto y las falsas promesas respecto a los más chicos, aquellos chicos “pichiruchis”. Ese es el comienzo de la rebeldía, o como dicen algunos, “la semilla mal sembrada”, y luego es un aprendizaje teórico —eso que la vida no es nada teórica— de las lecturas de autores descalificados por la academia y censurados por la decencia como Baudelaire, el Marqués de Sade, Charles Bukowski, John Fante o Roberto Arlt.
¿Por qué los márgenes de la sociedad son tu territorio narrativo favorito? Sencillo, el otro margen, que no es margen, sino que es la plenitud del stablishment, no me interesa para nada. En ese lugar todo es políticamente correcto, y la corrección no me interesa.
Llevas más de 15 libros publicados desde 2008. ¿Qué te sigue empujando a escribir después de tantos años? El fuego en el que creo aún sigue ardiendo en mi imaginación, a veces laxa, disruptiva, cobarde y poco victoriosa; pero feliz.
¿Qué opinión te merecen los nuevos escritores peruanos? ¿Los autores jóvenes? Lo que están haciendo los novísimos escritores es bastante contradictorio con generaciones anteriores; es decir, encuentro parricidas y es lo que falta siempre, en toda época. Menciono el trabajo de Richard Parra, Joel Maldonado, Cayre Alfaro, Gloria Alvites o Lourdes Aparición, estas mujeres esplendorosas me golpean el coco.
En cuanto a tus orígenes, ¿cómo ves la literatura amazónica? No hay novedad en el frente.
¿Cómo analizas desde fuera los eventos literarios que se realizan en Perú? En eso creo que hay un ritmo constante, porque las ferias tienen ese simpático mecanismo de crear espacios de lectura, encuentros acordados o fortuitos y sorpresivos descubrimientos. Pero como soy un aguafiestas, digo que no nos dejemos llevar por el agua mansa de la complacencia. En literatura y en cuestión de ferias, nada está dicho.
¿Qué nuevos proyectos vienen? La insolencia de escribir parece que todavía no llega a su fin; se renueva a cada mitad de libro que estoy por terminar. Ahora estoy disfrutando como sapo en letrina el proceso de escritura de una novela sobre la exploración del petróleo en la Amazonía peruana durante los años 70, y la desgracia que originó en los pueblos selváticos la llegada del dinero golondrino. Se llamará “La Flor de Jamaica”. Con la otra mano estoy escribiendo un poemario titulado “Rostro de áspera hierba”, que es indesligable a la vida de los náufragos de la tierra y del agua, los chingados perdedores elogiosamente amorosos y las chicas rebeldes, malas, muy malas, pero que están buenas.
PERFIL
Álvaro Ique Ramírez. Autor de más de 15 libros publicados desde 2008: “Morgana en los infiernos/mandrágora” (2008), “Cartas desde el mar” (2010), “Amores en el guayabal” (2014), “Rosas y putas” (2015), “El veneno de la poesía / The poison of poetry” (2019).
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Escritor iquiteño presenta “Espérame en Caballococha” y “Delirios de cantina” en nuevas ediciones en Arequipa el 7 de agosto en la Librería Fabla Salvaje.