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Conoce la historia del primer round del boxeador arequipeño Renzo Huamaní

“El box te prepara para recibir golpes, aprender a respirar con sangre en la nariz, en el ojo, pero el box no te prepara para la vida".
Conoce la historia del primer round del boxeador arequipeño Renzo Huamaní

Johnny Tapia

Actualizado el 07/02/2016, 10:53 a.m.

En el ring tienes que pegar, solo pegar hasta que los brazos comiencen a arder, hasta que el contrincante piense que lo odias, que lo aborreces; que lo detestas tanto que lo quieres matar. En ese pequeño espacio de 6.10 metros cuadrados, el mundo y la vida se reduce a un round.

Cinco, tres minutos en el que la diferencia entre vivir o morir depende de un golpe.

Renzo Huamaní conoce la sensación. “Si expresas tu miedo pierdes”, dice.

Ahí arriba, a un metro de todos, no se puede ser maricón, no se puede arrugar.

“No hermano, si no pegas primero, te ganan la moral”, expresa. Y siempre fue así, mentón arriba, orgullo en la mirada.

El único boxeador profesional de la región Arequipa se ganó el título dándole a la vida un recto, un cruzado y un gancho, y mientras ella, la castigadora, aún no se levantaba del piso le dijo: “no te metas conmigo”.

Una tarde, mientras caminaba por la calle de la urbanización Agricultura en el distrito de Majes, manos rajadas, un buzo y sandalias, las más nuevas que tenía, pasó frente a una pollería.

“Me quedé ahí parado, el pollo daba vueltas y vueltas, me miré los pies y no había zapatos, nunca tuve unos hasta que fui adolescente, y si no había para eso, tampoco había para el pollo”, contó.

Un hombre con un mandil blanco salió y le dijo que entrara. Lo miró a los ojos y escuchó que la vida le decía: “te voy a ganar”. Optó por seguir su camino.

Un total de 45 peleas amateur, cuatro a nivel profesional, peso gallo; y en todas esas ocasiones jamás sintió dolor, los golpes fueron excitación pura, adrenalina de la más exquisita.

Pugilista desde el año 2009, Huamaní proveniente del distrito de Majes mide 1.63 de altura, pesa 54.300 kilogramos. Es el único profesional en la región.

“El box te prepara para recibir golpes, aprender a respirar con sangre en la nariz, en el ojo. El box no te prepara para la vida, esa estúpida pega mucho más fuerte. Sus golpes se quedan en tu mente, para que le tengas miedo, yo no le temo, yo salgo a fajar”, declara.

En el mundo del box existen dos tipos de profesionales, los técnicos y los fajadores, estos últimos salen a romper cabezas, a morder como perros rabiosos a decir: “¡aquí estoy, atrévete a tocarme!”.

La vez que su madre enfermó y fue internada en el hospital Honorio Delgado, él tenía nueve años de edad y su padre dormía en el pasillo entre gente que salía muerta en una cama y otros que entraban pintados de rojo.

Hay que ser bien fajador para observar ese panorama, para acomodarse el brazo como almohada y soportar el frío del invierno arequipeño y no retroceder echado en un pasillo de un nosocomio.

Para Huamaní, Rocky Balboa es un farsante, un tipo que de peleas sabe poco.

“No creo que Rocky haya tenido en su vida un tercer ojo. Ese no ha sentido el dolor de un golpe”, dice.

El cinco de julio del 2009, eran las dos de la tarde; su primera pelea oficial fue en la Bombonera, en la “ratonera”, la escuela de box del estadio Melgar.

Ese día no se la pasó diciéndole al mundo que sería boxeador, se la pasó en el hospital Honorio Delgado, esperando que el hijo de su hermano mayor naciera.

“Estaba de nuevo en ese maldito hospital, sabía que tenía una pelea, pero para mí siempre, primero y por sobre todo está la familia”.

Esa tarde subió al ring, sintió miedo, vio pasar su vida en ese minuto en que lo presentaban al público; esa tarde, Huamaní jamás imaginó que ese primer round era la pelea más importante, el inicio de su carrera, de su cambio de vida.

Hoy es abogado y comparte su carrera con la práctica del box. Su situación económica ha cambiado.

Huamaní; sin embargo, cada noche sueña con mil contrincantes, detrás de él sus padres, su familia entera. Para Renzo, el único boxeador profesional de Arequipa, una pelea no es el inicio de un combate, sino es el comienzo para vencer al miedo.

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