Corría 1985 cuando una adolescente arequipeña vio por TV la tragedia de Armero. Se trata de la erupción del Nevado del Ruiz, en Colombia, el cual había desatado un flujo de lodo que dejó 25 mil muertos. Esa imagen marcó para siempre a Luisa Macedo Franco, quien decidió, contra la voluntad de su padre, postular a Geología en la UNSA. Ingresó en sexto lugar entre 150 postulantes y fue, durante buena parte de su carrera, la única mujer de su clase.
Ese origen la llevaría a convertirse en la primera mujer vulcanóloga del país, un título que conquistó a pulso. Posteriormente, ganó una beca de Naciones Unidas para elaborar el primer mapa de peligros del volcán Misti, pero al principio le negaron el cupo “por ser mujer”. Solo tras protestar consiguió que la dejaran participar, aunque con una condición: ir con el compañero que tuvo el segundo lugar.
Ese mapa construido desde cero y sin antecedentes de estudios geológicos previos sobre el Misti terminó por darle a Naciones Unidas la certeza de que Perú tenía, por primera vez, a una especialista mujer en la materia. Fue en 1994 que hizo su tesis con el primer mapa de peligros del volcán Misti; se graduó y se publicó. Con este avance, Macedo escaló junto con la actividad de los volcanes del sur, pues trabajó el Sabancaya en los años 90, se sumó al Instituto Geofísico del Perú (IGP) y llegó a dirigir el Observatorio Vulcanológico y el Centro Vulcanológico Nacional entre 2018 y 2023.
EL DÍA QUE UNA ROCA CASI LA MATA
Su momento más emocionante fue en la década de los 90, cuando subió al Sabancaya. “Me emocioné hasta las lágrimas. La primera vez que viajé al extranjero a ver un volcán estaba en erupción y era el Arenal en Costa Rica en el 2007, fue fantástico porque teníamos un mirador especial”, relata con emoción.
El momento más tenso de su carrera ocurrió en 2014, en el volcán Ubinas. Mientras Macedo (en INGEMMET) ascendía junto a un equipo de científicos, entre ellos un colega francés convocado con urgencia tras analizar muestras que anticipaban una fuerte explosión, la arequipeña sintió un dolor en el pecho nunca antes experimentado. A pesar de las advertencias de la vulcanóloga, el grupo continuó subiendo hasta que ella se desvaneció, lo que obligó a todos a descender.
Minutos después, el volcán registró una fuerte explosión frente a sus ojos. Desde la camioneta en fuga, el equipo observó las llamadas “bombas volcánicas”, rocas cayendo como si fueran aves sobre la zona que acababan de abandonar. Al día siguiente, sus compañeros regresaron al lugar exacto donde habían estado parados el día anterior y se dieron con la sorpresa de que allí encontraron el impacto de una de esas rocas. Macedo conserva desde entonces un fragmento de esa “bomba volcánica” como amuleto, una actividad que se convirtió en un negocio actualmente, al vender joyería elaborada con lavas.
“NO TIENES QUE DEMOSTRAR NADA A NADIE”
Ser la primera mujer en un terreno dominado por hombres tuvo un costo, pues reconoce que durante años sintió la necesidad de demostrar que podía cargar el mismo peso, físico y simbólico, que sus colegas varones, algo que hoy aconseja no repetir a las nuevas generaciones de científicas.
“No tienes que demostrar nada a nadie, tenemos otro tipo de capacidades”, repite hoy a sus alumnas, varias de las cuales ya trabajan en el IGP.
VOLCÁN MISTI, UN PELIGRO PARA AREQUIPA
Hoy, como subgerente de Gestión de Riesgo de Desastres de la Municipalidad de Cerro Colorado, Macedo advierte que el verdadero riesgo no está en la falta de monitoreo científico, sino en la desconexión entre ese conocimiento y la población. El volcán Misti, recuerda, es considerado uno de los más peligrosos del mundo, pues hace dos mil años protagonizó una erupción de tipo pliniana.
Pese a ello, Macedo califica en apenas “3 o 4”, en una escala del 1 al 10, el nivel de preparación real de la ciudad ante una eventual erupción. Sumado a ello, la burocracia que impediría tomar acciones de prevención como evacuar a miles de arequipeños y disponer de albergues. Agregó que el macizo es “joven” y es donde se debe trabajar en el ordenamiento territorial.
Su mensaje para las niñas que sueñan con seguir su camino es directo: que no hagan caso a quienes les digan que la ciencia o la vulcanología son “cosas de hombres”. “El cielo es el límite y solo ella sabe hasta dónde puede llegar”, afirma quien, pese a los riesgos, asegura que lo que más disfruta de su trabajo es la posibilidad de salvar vidas.
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La primera vulcanóloga del Perú es arequipeña
Luisa Macedo Franco optó por esta profesión tras la tragedia en Colombia, donde un huayco sepultó a más de 25 mil personas. Décadas después, una roca volcánica a más de 400 grados casi le cuesta la vida en el Ubinas.