Las leyendas suelen surgir cuando la razón no alcanza para comprender lo que ven los ojos. En Choqolaqa, el llamado bosque de piedras, estas historias cobran vida entre cientos de formaciones que parecen desafiar cualquier explicación lógica y que dotan al paisaje de una mística propia del mundo andino.
Ubicado en el distrito de Tisco, en la provincia de Caylloma, a unas ocho horas de la ciudad de Arequipa, este destino se ha convertido en un escenario donde lo real y lo fantástico conviven sin conflicto.
El viento altiplánico, frío y cortante, acompaña a los visitantes desde el primer paso. Al caer la tarde, sus ráfagas parecen gritar cuando chocan con las rocas, generando un sonido que se mezcla con el silencio de la altura. Ese mismo viento, que congela incluso al caminante mejor abrigado, es parte esencial de la atmósfera mágica del lugar.
El gestor cultural y montañista, Juan Iván Contreras, emprendió un recorrido por este escenario extraordinario. La aventura tomó más de cuatro horas e inició a los 4.800 metros sobre el nivel del mar, ascendiendo por un sendero que llega a superar los 5.200 metros. Un trayecto desafiante que conecta al visitante con un entorno que parece ajeno al tiempo.
En su travesía, Contreras no estuvo solo. Lo acompañaron Tarzán y Zambrano, dos perros que los pobladores reconocen como guardianes y guías naturales del bosque de piedras. Ellos, junto a una fauna diversa, formaron parte de la experiencia en medio de la puna arequipeña. “Zorros, vicuñas, alpacas, guanacos, águilas, por ahí algún cóndor que vuela alto y majestuoso”, relató.
LAS ROCAS ESCULPIDAS POR EL VIENTO
Choqolaqa es el nombre más extendido, pero no el único. Algunos pobladores la llaman Mauk´a, la antigua Arequipa, una ciudad que, según la leyenda, fue petrificada por irrespetar a los apus, las montañas sagradas. Esta historia ancestral continúa transmitiéndose entre generaciones, reforzando el carácter mítico del lugar.
En su descripción, Contreras habla de castillos, manos que emergen de la tierra, danzarines de wititi, lobos marinos, corazones, guerreros y rostros humanos, entre otras figuras que se pueden distinguir en un paisaje que supera los cinco kilómetros cuadrados. Cada formación, asegura, tiene su propia historia esperando ser interpretada por quien la observe.
La explicación geológica también tiene su peso. Las rocas, conformadas por sedimentos volcánicos, fueron esculpidas durante miles de años por la acción del viento y la lluvia. “Lo que se ve ahora y parece extraordinario, se labró en miles de años”, señaló el montañista, destacando la paciencia de la naturaleza para dar forma a un escenario tan singular.
En su caminata, Contreras también halló pequeños riachuelos que nacen entre las rocas y bajan hacia el valle del Colca, manteniendo verde la explanada durante todo el año. Esta presencia de agua contrasta con la dureza del paisaje pétreo y revela el carácter vital del ecosistema.
La zona está administrada por la Asociación de la Zona Turística Andenes de Choqolaqa de la comunidad de Cota Cota, cuyos miembros se encargan de mantener el sendero en buenas condiciones. Su esfuerzo busca facilitar la visita y garantizar una experiencia segura en un territorio donde la naturaleza dicta sus propias reglas.
Al finalizar el recorrido, los visitantes pueden disfrutar de una trucha fresca o un filete de llama, platos típicos de la zona que restauran fuerzas después de horas de caminata. Es parte de la experiencia integral que ofrece el lugar, donde la gastronomía local complementa el viaje por este pueblo petrificado.
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Mauk´a, la antigua Arequipa de piedra
Choqolaqa se ha convertido en un destino de turístico. El pueblo que fue petrificado por desobedecer a los apus