Oswaldo Reynoso: Se apagó la luz del maestro

El escritor arequipeño se preparaba para publicar su último texto, “Capricho Azul”.

26 de Mayo del 2016 - 13:24 » Textos: Nelly Hancco » Fotos: Difusión

El escritor Oswaldo Reynoso, autor de libros considerados claves en la literatura peruana, como Los inocentes y En octubre no hay milagros, falleció ayer en Lima a los 85 años.

Oswaldo Reynoso Díaz falleció el 24 de mayo a las 00.45 horas”, se leyó ayer en la página de Facebook que administraba el destacado narrador.

“Empezamos el día con una triste noticia. Hoy, en la mañana (ayer), ha fallecido el escritor Oswaldo Reynoso. Un autor no solo reconocido sino también querido por sus lectores”, señaló la Casa de la Literatura Peruana en un mensaje en Facebook.

Las causas de la partida del escritor aún no han quedado esclarecidas, pero Christian Reynoso, sobrino del autor, nos dio algunos alcances.

Al parecer, ha sido un infarto que le ha dado de manera sorpresiva, imprevista. Él estaba bien, los días anteriores hablé con él. Estaba lúcido, vital. Por eso nos ha sorprendido esta noticia de un momento a otro. Tenía 85 años y vivía con los achaques de su edad”, dijo.

TRAYECTORIAReynoso, nacido en la región sureña de Arequipa el 10 de abril de 1931, realizó sus estudios superiores en la Universidad Nacional de San Agustín, de Arequipa, y en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, de Lima, donde luego fue profesor de Literatura.

Posteriormente, vivió durante doce años en China, donde enseñó español, y tras retornar a su país enseñó en la Universidad Nacional de Educación y en la Federlico Villarreal.

En 1965 se ratificó como una de las grandes voces de la narrativa peruana con la novela En octubre no hay milagros, a la que siguieron El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993), Los eunucos inmortales (1995), El goce de la piel (2005), Las tres estaciones (2006), En busca de la sonrisa encontrada (2012) y Arequipa, lámpara incandescente (2014).

JOVEN.- “Era el autor con corazón de adolescente y espíritu joven, porque siempre estaba presto a ayudar. Era un observador de los adolescentes”, con estas palabras recordó el escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén a su maestro Oswaldo Reynoso.

Mazeyara quien era allegado al autor, manifestó que Reynoso vivía en el mundo de los adolescentes, prueba de ello fue la primera publicación que hizo “Los Inocentes”. “En su obra relata la historia de los jóvenes que despiertan en la ciudad, entre bebidas y sexo...”, recordó.

El joven escritor comentó también que Reynoso se preparaba para publicar su último texto en Arequipa; “Capricho Azul”. “Son memorias y relatos breves de sus viajes al interior del Perú”, añadió.

Como buen alumno, le dedicó unas palabras de agradecimiento. “El “Profe” es un referente ineludible de los narradores peruanos y creo que, a estas alturas del partido, eso ya nadie lo discute. No obstante, en el corazón de este escribidor, como es el caso de muchísimos otros, lo sé, fue un mentor y un maestro en el sentido más estricto del término: aquel que nos abrió las puertas de su casa o al menos accedió de buena gana a recibir nuestros escritos. Él siempre estuvo presto para corregirnos y alentarnos, acicatearnos en medio del brindis con vasos repletos de oro líquido con espuma, y decirnos que lo importante es la imagen, ¡la belleza de la palabra!”.

SENCILLO.- Por su parte, el periodista Ómar Zevallos calificó a Reynoso como el hombre sencillo que nunca se consideró parte de la argolla literaria, pese a su gran aporte.

Zevallos señala que no tuvo una relación directa con el escritor arequipeño, pero siempre mostró interés por sus textos directos. “En mi infancia, recuerdo que mi padre hablaba con un amigo sobre un libro que era prohibido y se lo dio por prestado. En los años 60 era considerado como un libro escandaloso porque hablaba de sexo”, narró.

Manifestó que el texto le llamó la atención, pero nunca tuvo acceso hasta que fue adulto. Se trataba de “En octubre no hay Milagro”. En la obra se critica a la sociedad y a los religiosos porque aprovechaban la fiesta del Señor de los Milagros para tener cercanía con las mujeres, para cometer delitos, etc.

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