Transformación en la prisión: El amor la cegó al punto de delinquir

A pesar de los momentos difíciles que pasó en el penal de Socabaya, asegura que aprendió varios oficios y ahora puede generar recursos para su familia
Transformación en la prisión: El amor la cegó al punto de delinquir

Transformación en la prisión: El amor la cegó al punto de delinquir

16 de Septiembre del 2018 - 11:51 » Textos: Carmen Meza » Fotos: Carmen Meza

Muchas personas dicen que el amor es el sentimiento más sublime y que la pareja es tu otra mitad. Para otros puede ser su desgracia y la ruta hacia las peores decisiones, hasta el punto de olvidarse de sí mismos.

Carmen C. G. (51), todavía recuerda al hombre que marcó su vida para siempre. ¿Cómo no podría pensar así si por estar al lado de él terminó en el penal de Socabaya durante siete años y medio, perdiendo el amor de sus hijos y de sus padres? Estas son razones suficientes para reconocer que cuando se enamoró, simplemente tomó una decisión errónea.

“Yo vendía zapatos que hacía mi padre, solía llevar la mercadería en bolsas al mercado San Camilo, ahí conocí a este hombre que desde el inicio me engañó porque me dijo que era comerciante”, recuerda Carmen.

El amor la sorprendió y en menos de un año se casaron, al poco tiempo se percató de las cosas ilegales que hacía. Pero convencida que el amor lo puede todo, puso su mayor empeño en alejarlo del mal camino y lo consiguió.

Durante 10 años la pareja se dedicó a la venta de zapatos, ya tenían dos hijos y todo parecía estar bien, hasta que decidieron comprarse un carro y con ello el hombre retornó a los robos, pero esta vez se sumaron los actos de violencia contra Carmen.

“No sé qué me pasaba, porque a pesar de los golpes, el licor y la infidelidad, yo solo quería estar a su lado y estaba decidida a hacer lo que fuera para no separarme de él”, relata con la voz quebrada.

INVOLUCRADA

Este mal hombre era conocido con el alias de “Perico”, quien no dudó en llevarla junto a sus amigos para delinquir, ella tenía la tarea de avisar si alguien se acercaba cuando ellos ejecutaban los robos, es decir hacía las veces de “campana”. Además, la enviaba frecuentemente a entregar dinero a los policías para asegurarse que no los arresten a consecuencia de sus delitos.

Pero no siempre tenían suerte, así que un día fueron detenidos todos los integrantes de la banda, menos Carmen. “Era constante que lo lleven a la cárcel, pero ni por eso yo lo dejaba, por el contrario, le llevaba comida, ropa limpia y siempre estaba pendiente de sus cosas, hasta dinero le daba”, indica.

En ese ir y venir pasaron varios años y la pareja optó por separarse y cuando ella pensaba que por fin iba a estar tranquila fue detenida a pocos metros de su casa.

Resulta que uno de los amigos de “Perico” había dicho a la Policía que ella era parte de la banda, con eso pasó a la lista de requisitoriados y fue llevada al penal de Socabaya. La sentenciaron a 10 años de pena privativa por ser la pareja del delincuente.

Los días eran largos y las noches interminables. La peor fecha era Navidad, todos lloraban extrañando a sus familias. Para Carmen era más difícil estar en el reclusorio ya que sus hijos y padres estaban resentidos con ella y se mantenían alejados.

Tenía que hacer algo para que el tiempo pase sin sentirlo y pueda recuperar su libertad. Es así como decidió ir a los talleres que se dictan al interior del establecimiento penitenciario, se inscribió en el Cetpro Los Hijos de Dios y aprendió a confeccionar zapatos, textiles, bordados y pintura en tela. Su profesora, Luisa Arteaga, solía decirle en todo momento que ella sería una de las salvadas y que no la debía decepcionar.

Así fue, su sentencia fue reducida a 7 años y medio, pasó del pabellón “B” al “A” donde fue elegida delegada, cambios que le sirvieron de mucho, también influenció en ella las charlas de los psicólogos y sobre todo, estar cerca de Dios.

El cambio. Hace tres años Carmen logró recobrar su libertad, emocionada intentó buscar trabajo, pero la sociedad suele ser cruel con estas personas y no tuvo suerte. “Nos miran con temor porque hemos estado en prisión, pero deben entender que han sido errores y que ya pagamos por ello”, explica.

Paralelamente tenía la difícil tarea de recobrar el amor de sus hijos y de sus padres, pero con perseverancia lo consiguió, ahora está cerca de ellos y goza de cariño y respeto.

Con el apoyo del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), confecciona zapatos y los vende en el local de dicha entidad que está ubicado en la calle siglo XX. Ofrece calzado para damas, varones y niños, pero los que tienen mayor demanda son los botines para las mujeres y los de vestir para hombres.

“Apoyamos a las personas como Carmen con el Programa de Resocialización, les damos un espacio para que vendan sus productos. Varios han salido del penal y ahora están trabajando”, Eufemia Rodríguez directora sur del INPE.

El exesposo nunca cambió su vida y siguió delinquiendo, pero tuvo el valor de buscarla y pedirle perdón, “eres una buena mujer, tú no debías haber pasado por la cárcel”, le dijo la última vez que se vieron, antes de que ella deje el penal.

El 23 de julio del 2015, este hombre falleció en Tumbes en una celda. Recibió una descarga eléctrica cuando iba enchufar su equipo celular. A pesar que él no fue bueno con Carmen, ella y sus hijos juntaron dinero y lo trasladaron a Arequipa donde lo sepultaron.

“Quiero que las mujeres conozcan mi historia para que no se vuelva a repetir, tienen que amarse y respetarse”, recomendó.

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