Las universidades públicas de Cusco y Arequipa están entre las que más recursos provenientes del canon minero, regalías y otras rentas vinculadas a las actividades extractivas administran este año, pero buena parte de ese dinero todavía no se convierte en mejores laboratorios, infraestructura o investigación para sus estudiantes.
Según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (Unsaac) dispone de más de 119 millones de soles, el monto más alto entre las universidades públicas del país. También está la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA), con 65 millones de soles.
En el caso cusqueño, también destacan la Universidad Nacional de Arte Diego Quispe Tito, con 54 millones de soles, y la Universidad Nacional Intercultural de Quillabamba, que administra S/49 millones. Estos montos corresponden al presupuesto registrado bajo canon y sobrecanon, regalías, renta de aduanas y participaciones, categoría que incluye tanto transferencias del 2026 como saldos de años anteriores.
El problema no está únicamente en cuánto dinero reciben las universidades, sino en qué resultados consiguen con esos recursos. A menos de cuatro meses de terminar el año fiscal, las universidades públicas han ejecutado, en promedio, alrededor de la mitad de estos fondos.
En la Unsaac, por ejemplo, la mayor parte del presupuesto está orientada a infraestructura, equipamiento de laboratorios y mejoras en los servicios de sus escuelas profesionales. Sin embargo, solo 4 millones de soles están destinados a investigación científica.
En la UNSA la distribución es distinta. Una parte importante se dirige a mejorar la formación de pregrado y los servicios profesionales, mientras que más de 32 millones están destinados a investigaciones científicas.
Para Erick Chuquitapa Rojas, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), el porcentaje de ejecución presupuestal no basta para determinar si el dinero está siendo bien utilizado.
Desde su perspectiva se debe evaluar más allá del porcentaje ejecutado y verificar si el laboratorio funciona, si los equipos se utilizan, si existen investigadores y personal especializado y si esas inversiones terminan produciendo mejores condiciones para la formación, la investigación y la innovación.
Para el especialista, contar con presupuesto no garantiza que una obra termine, que un laboratorio entre en funcionamiento o que los equipos adquiridos sean utilizados. Antes, es necesario cumplir procesos de planificación, elaboración de expedientes, ejecución de obras, compras de equipos y la puesta en operación.
DINERO NO GARANTIZA MEJORES UNIVERSIDADES
El caso de las universidades de Arequipa y Cusco refleja un problema que se repite en otras regiones mineras: existen recursos, pero las carencias persisten.
Chuquitapa recordó que un estudio del Instituto de Estudios Peruanos (IPE) sobre universidades regionales ya había advertido que el incremento de los recursos del canon no estuvo acompañado por un fortalecimiento suficiente de las capacidades para investigar y gestionar estos fondos.
El profesional considera que el hecho de que una universidad tenga recursos disponibles y mantenga, al mismo tiempo, brechas de infraestructura o equipamiento no constituye una contradicción. Cree que el dinero por sí solo no cierra una brecha, porque se requiere capacidad de planificación, gestión, ejecución y operación posterior.
El verdadero reto es que esos millones terminen convertidos en laboratorios que funcionen, infraestructura útil, equipos utilizados y más investigación, resultados que finalmente puedan ser percibidos por estudiantes y docentes.
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Universidades de Cusco y Arequipa manejan millones del canon, pero arrastran brechas
El reto es que los millones de soles terminen convertidos en laboratorios que funcionen, en equipos disponibles y en investigación