Las más de sesenta universidades públicas del país administran este año, en conjunto, casi S/900 millones provenientes del canon y sobrecanon, regalías, renta de aduanas y participaciones. No todo lo registrado bajo esas categorías es estrictamente “canon”, porque además incluye tanto las transferencias recibidas durante este año como los saldos de balance de años anteriores. Las universidades públicas reciben recursos provenientes de los impuestos y rentas generados por las actividades extractivas después del Gobierno nacional y los gobiernos regionales. Muchas veces, incluso, reciben más transferencias que las municipalidades.
De acuerdo con las cifras del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la universidad que más recursos administra este año por canon y sobrecanon, regalías, renta de aduanas y participaciones es la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (Unsaac), con más de S/119 millones. Le siguen la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann de Tacna, con S/111 millones; la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, con S/65 millones; la Universidad Nacional del Santa, con S/63 millones; la Universidad Nacional de Arte Diego Quispe Tito, con S/54 millones; y la Universidad Nacional Intercultural de Quillabamba, con S/49 millones. Estas dos últimas también tienen su sede en Cusco.
DESTINO
La Ley del Canon establece que ese dinero debe utilizarse en proyectos de investigación y producción de conocimiento; construcción y mejora de laboratorios, aulas y otros espacios de estudio; compra de herramientas modernas, tecnología y materiales de enseñanza y práctica.
A menos de cuatro meses del cierre del año fiscal, han invertido, en promedio, la mitad. Pero, más que cuánto gastan, resulta relevante revisar en qué invierten. Erick Chuquitapa Rojas, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) y especialista en análisis de políticas públicas, señaló que “una evaluación completa debería ir más allá del porcentaje ejecutado y preguntarse si el laboratorio funciona, si los equipos realmente se utilizan, si existen investigadores y personal especializado y si esas inversiones terminan produciendo mejores condiciones para la formación, la investigación y la innovación”.
El destino del presupuesto varía entre una institución y otra. En la Unsaac, los recursos se destinan principalmente a mejorar infraestructura, equipar laboratorios y mejorar servicios en escuelas profesionales. Solo S/4 millones están destinados a investigaciones científicas. En la San Agustín de Arequipa, el gasto se concentra en mejorar la formación de pregrado y los servicios profesionales. En cambio, más de S/32 millones están destinados a investigaciones científicas. La Universidad del Santa sigue ese patrón, porque usa ese presupuesto en mejorar servicios e infraestructura, mientras que la investigación científica concentra más de S/31 millones.
¿CARENCIAS?
Según Erick Chuquitapa, tener presupuesto no equivale a contar con infraestructura terminada, laboratorios en funcionamiento o equipos en uso. Entre tener recursos y el resultado final hay una cadena de procesos: desde formular inversiones y elaborar estudios y expedientes técnicos hasta hacer la obra, comprar equipos y ponerlos en funcionamiento.
Un estudio del Instituto de Estudios Peruanos (IPE) sobre universidades regionales —recordó el especialista— había advertido que el aumento de canon no estuvo acompañado de mejoras en las capacidades para investigar y gestionar recursos. “Que una universidad tenga recursos disponibles y mantenga, al mismo tiempo, brechas de infraestructura o equipamiento no constituye una contradicción. El dinero es indispensable, pero por sí solo no cierra una brecha; también se requiere capacidad de planificación, gestión, ejecución y operación posterior”, explicó Chuquitapa Rojas.
El especialista dijo que el principal cuello de botella parece estar en las inversiones y adquisición de activos, que exigen más preparación, contratación, ejecución y gestión técnica. Remarcó que “tampoco conviene caer en el extremo contrario. Alcanzar una ejecución de 90 % o 100 % no significa necesariamente que el gasto haya sido bueno”.
TRABAJO
Más allá del monto transferido, el debate se centra en la capacidad de las universidades para gestionar estratégicamente los recursos que reciben. La actividad minera ya representa una fuente relevante de financiamiento para la educación superior pública, y todo indica que esos ingresos podrían seguir aumentando en los próximos años.
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Universidades públicas del país recibieron casi S/900 mil en canon y sobrecanon
Las universidades estatales concentran recursos provenientes de actividades extractivas. Pero han invertido la mitad. Especialistas dicen que una evaluación completa debería ir más allá del porcentaje ejecutado.