Dicen que pocos dolores se comparan con el de perder a una madre, un pesar tan intenso que resiste el acecho del olvido y logra que el recuerdo persista, sobre todo en estas fechas. Por ello, ayer, en el Día de la Madre, miles acudieron al Cementerio General de Huancayo para recordar y rendir homenaje al ser más querido.
Recorrer el cementerio en fechas como esta es emocionante: las flores en los nichos se renuevan, en los pabellones aparecen globos con frases dedicadas a mamá y —por qué no— también una gaseosa o cervecita “para hacer un brindis con mamá desde el cielo”.
“Siempre trato de venir aunque a veces ya no tenga tiempo. Mi mamita murió cuando yo tenía 14 años; ahora tengo 54 y siempre la recuerdo, aunque yo ya sea abuela”, cuenta Raiza, quien ayer llegó temprano para visitar a su madre, Victoria.
A lo largo de la mañana también aparecen las melodías tristes y lastimeras. A ritmo de guitarra y voz, los músicos de responso interpretan canciones como “El olvido” de Hugo Almanza, “Nadie es eterno” de Darío Gómez (popularizada por Segundo Rosero) y hasta “Amor eterno” de Juan Gabriel; temas potentes que quiebran al más fuerte al recordar a su madre.
Nada, sin embargo, se compara con la emoción que generan los saxos de la orquesta típica huancaína, que también aparecieron ayer en el camposanto. Tonadas como “Falsía” de Emilio Alanya, “Alma solitaria” de Picaflor de los Andes y el “Trencito macho” de Paulino Torres —sobre todo para los residentes huancavelicanos— amenizaron una jornada que mezcló recuerdos de amor e infancia.
Pero los visitantes no llegan solo por sus madres; algunos lo hacen también por sus esposas, como es el caso de don Nicolás Ricse, a quien encontramos buscando un escalerista para poner flores en la tumba de su pareja, ubicada en lo más alto de su pabellón.
“Vengo a visitar a mi esposa, que partió hace 16 años. Vengo seguido, a veces cuando ya pasa el tiempo y las flores se marchitan, porque se ve triste una tumba vacía. Con mis hijos, cuando llegan, dicen: ‘Vamos donde mi mamá’, y venimos también contentos”, comenta el hombre de 84 años.
No solo visita la tumba de su esposa; también —aunque ya no con la misma frecuencia— visita a su madre, quien descansa en el cementerio de Huancán.
“Cuiden a su mamá, porque el día que la pierdes, no la encuentras. Igualmente a su esposa: cuídenla, respétenla. A veces uno no las respeta bien, pero cuando se te va, ya fallecida, no encuentras otra igual. Es muy triste vivir solito”, reflexiona don Nicolás a punto de quebrarse.
Los alrededores del camposanto también lucen un ambiente festivo; el jirón San Martín y el Paseo La Breña fueron cerrados, y la venta de flores de todas las formas, colores —y, sobre todo, precios— estuvo a la orden del día. Platos típicos como chicharrones, cuyes, picarones y mazamorras también se vendieron bien en la feria instalada a pocos metros del lugar.
El ambiente es de celebración, aunque el dolor por la partida de mamá siga presente.
Huancayo: Entre lágrimas, saxos y flores, miles rinden homenaje a mamá en los cementerios
La nostalgia y el cariño invadieron el Cementerio General de Huancayo.