Cuando la tecnología hace surgir a los del ande

En los caseríos Cerro Zango y César Vallejo, distrito de Agallpampa (Otuzco), con la ayuda de herramientas tecnológicas algunas familias han logrado crecer junto a sus negocios gracias al aporte del proyecto Haku Wiñay
Cuando la tecnología hace surgir a los del ande

Cuando la tecnología hace surgir a los del ande

30 de Octubre del 2017 - 09:02 » Textos: Gabriel Durand » Fotos: Gabriel Durand

A más de 3,500 metros sobre el nivel del mar, don Fabio Verdi Sánchez (57) cuenta que hasta hace un año se despertaba a las tres de la mañana para, literalmente, calentar el cuerpo al lado de su horno artesanal donde prepara los panes para la venta.

César García Villegas (31) reseña que a inicios del 2014 decidió preparar quesos, pero no contaba con vender solo dos moldes al día. Mientras Henry Rodríguez Santos (42) narra apesadumbrado cómo la miel de abeja que elaboraba, a pesar de tener cinco colmenas, “se iban a la nada”.

¿Qué tienen en común todos ellos? Que nunca renunciaron al sueño del negocio propio, es por eso que ahora gracias a la implementación de pequeñas herramientas tecnológicas han visto crecer sus negocios e incrementar sus ingresos económicos.

Desde los humildes caseríos de Cerro Zango y César Vallejo, distrito de Agallpampa, provincia de Otuzco, conozca la travesía que pasaron los perseverantes hombres de campo al lado de sus esposas e hijos quienes gracias al aporte del proyecto Haku Wiñay/Noa Jayatai, del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes), ahora sienten que han dado un paso adelante.

SALEN CALIENTITOS. Mientras don Fabio Verdi, con notable habilidad, levantaba las bandejas con moldes de masa para abrigarlas al calor del horno, Cirilo Horna (43), su yerno, recordaba que desde hace varios años tenían que poner a trabajar los brazos para amasar la harina con agua y levadura más su toque de sal. “Antes a puro brazo nomás le hemos dado”, dice Cirilo.

Y claro, eso fue hasta julio del año pasado, porque desde esa fecha llegó, a la que ellos llaman su “pequeña panadería”, una moderna amasadora eléctrica, equipo que indudablemente logró facilitar su labor como panaderos.

“Si antes estábamos en pie desde las 3 de la madrugada, ahora le dedicamos (desde las 6 a.m.) solo tres horitas a la panadería. Luego ya nos vamos a nuestra chacra y tenemos más tiempo para hacer otras cosas”, remarcaba Cirilo Horna, mientras don Fabio retiraba los panes calientes del horno de barro.

EL APORTE FEMENINO. Sin dejar de ordenar los moldes de masa sobre la bandeja, Elsa Gamboa (55), esposa de Fabio Verdi, nos comentaba que anhela que la tradición de preparar pan se extienda hasta sus bisnietos; y su sueño parecía no estar tan lejano, porque hasta su nieta Mercy Rodríguez Verdi (20), quien cargaba sobre su espalda a su hijo de 8 meses de nacido envuelto en un awayo, también cooperaba con la preparación de los panes para la venta en la comunidad. Elsa y Fabio tienen 8 hijos (5 mujeres y 3 varones).

Además de la amasadora eléctrica, la pujante familia del caserío Cerro Zango también obtuvo una mesa de aluminio, además de otras mejoras a su horno artesanal.

Precisamente fue a través del proyecto Haku Wiñay/Noa Jayatai de Foncodes, programa del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), que pudieron ganar un concurso de emprendimiento y hacerse acreedores de tales herramientas tecnológicas.

“EL QUE SABE Y ENSEÑA”. Además de la dotación de equipos, los Verdi Gamboa también reciben asistencia técnica constante y dicha función está a cargo del llamado Yachachiq, que en quechua hace referencia al campesino que conoce de tecnologías y que “sabe y enseña”.

En este caso, esa responsabilidad está a cargo de Nicolás Rodríguez Rodríguez (38) quien relata se siente muy complacido de trabajar con la familia Verdi, dado que sigue de cerca sus progresos.

“Antes se producía menos de 400 panes, ahora que llegó la tecnología esa cantidad ha sido superada ampliamente, ahora se puede vender hasta casi 4,000 panes al día”, indica con beneplácito.

Algo sorprendente fue saber que aprovechando la amasadora eléctrica hasta panetones elaboraron durante las fiestas navideñas del año pasado y ahora se proyectan a triplicar esa producción.

“Los vecinos ya probaron nuestros panetones, queremos llevar nuestro producto hasta otras provincias y estamos seguros que lo lograremos. Con decirte que ahora la gente hasta llega montando sus burritos para llevar hasta 100 panes para que ellos mismos los vendan en sus zonas”, recalca Cirilo Horna.

LOS APICULTORES. Algunos kilómetros más allá, en el mismo caserío Cerro Zango, Henry Rodríguez Santos (42), junto a otros tres socios, desde enero de este año producen miel en medianas cantidades. Rodríguez recuerda que antes no contaban ni con la abeja.

“Desde mis quince años quise trabajar en la apicultura, conseguí cinco colmenas, pero por la falta de experiencia y capacitación todo se fue a la nada”, manifiesta.

Henry Rodríguez se muestra agradecido con el proyecto Haku Wiñay y remarca que a través de esa oportunidad participaron de un concurso y lograron adquirir algunas herramientas técnicas para su trabajo. “Ahora tenemos hasta 10 cajones para las colmenas, un extractor y otros elementos necesarios para la producción de la miel”, señala.

Indica que hace pocos meses participaron de una feria agropecuaria en la ciudad de Trujillo donde lograron vender más de 100 kilos de miel. “Nos fue muy bien”, precisa.

Si hay una buena temporada de lluvias -agrega- pueden tener hasta tres cosechas en los meses de junio, agosto y noviembre. “Nuestra economía ha mejorado, es cierto, pero no dejamos nuestra chacra, es nuestra costumbre de vida”, sentencia.

EL RETO LECHERO. César García Villegas (31) cuenta un hecho anecdótico, hace tres años pidió a su hermano Arnulfo que renuncie a su trabajo en la conocida tienda de ropa Topitop y regrese al caserío César Vallejo, en Agallpampa (Otuzco), para dedicarse a la elaboración de productos derivados de la leche.

En un principio, César refiere que acopiaban tan solo 16 litros de leche para hacer dos moldes de queso al día (cada molde lo vendían a S/ 10), hecho que preocupó en demasía a su hermano porque, como era lógico, ganaba más dinero en la capital peruana.

No obstante, al cabo de algunas semanas logran comprar más leche, entre 50 a 100 litros, y logran mejorar poco a poco en el negocio.

“Yo no sabía nada sobre la producción de derivados de la leche, pero tuvo la suerte de ganar una pasantía gracias a Cedepas Norte. Estuve el 2014 en Abancay (Apurímac), ahí recibí esa capacitación”, señala César García.

Ahora llegan a acopiar hasta 350 litros de leche y preparan como 48 moldes diarios, sin embargo, necesitaban de otros elementos técnicos para mejorar la calidad de sus productos.

PRENSADO. Tal es así que los hermanos García Villegas participan del concurso de emprendimiento de Foncodes y logran obtener, a través del proyecto Haku Wiñay, una marmita doble fondo para la cocción de la leche, una prensa para quesos, entre otros accesorios para la elaboración de sus productos.

“Con la prensa mecánica ya no usamos las piedras grandes que traíamos del río y la tabla larga para prensar el queso”, indica César García.

Pero sus demandas son mayores, ahora esperan adquirir una “empacadora al vacío”.

QUESO TIPO SUIZO. Como dato adicional, y quizá como proyección más importante, los hermanos García planean elaborar solo quesos tipo suizo. A la fecha ya cuentan con un stock de este producto, inclusive mostraron un molde de queso tipo suizo de 24 kilos, el cual se hizo con 150 litros de leche.

Vale precisar que la actividad que desarrollan ha permitido beneficiar de manera directa e indirecta a más de 50 personas, entre productores de leche, acopiadores del referido producto, vendedores, transportistas, entre otros.