En busca de lo inesperado

Villanueva Chang cuenta anécdotas, confronta, desafía a los estudiantes, profesores y periodistas que han llegado para ser partícipes de uno de sus legendarios talleres, esos que dicta en este y en el otro lado del mundo mes a mes.
En busca de lo inesperado

En busca de lo inesperado

09 de Noviembre del 2019 - 10:25 » Textos: Omar Aliaga Loje » Fotos: Correo

Está mucho más canoso que la última vez que lo vi, pero no ha envejecido. Mantiene esa frescura juvenil que se refleja en gestos constantes de insatisfacción con todo lo que hay alrededor y en su ironía a flor de piel, y que vi por primera vez en Trujillo cuando él (y yo también) era más flaco. Julio Villanueva Chang habla de la mirada y muestra en la pantalla imágenes, fotografías, frases. Como quien te intriga con el escondido significado de una imagen que en apariencia no dice mucho, termina entrenando a su auditorio en la Universidad Privada del Norte -sin que se dé cuenta- en una actividad capital y que tan bien han utilizado en su trabajo periodistas y escritores como Ryszard Kapuściński: la mirada estructurada.

Villanueva Chang cuenta anécdotas, confronta, desafía a los estudiantes, profesores y periodistas que han llegado para ser partícipes de uno de sus legendarios talleres, esos que dicta en este y en el otro lado del mundo mes a mes. En un momento dado, sorprende mostrando fotografías de locales de comida y restaurantes cuyos nombres cumplen con la receta en la que incide y repite, en esa receta que buscó obsesivamente en cada edición de la mítica revista que fundó, Etiqueta Negra, y en cada escrito suyo que vio la luz. Sorprender, mostrar lo inesperado. Miren esto, dice, y muestra la fachada de un restaurante que visitó en Colombia y cuyo nombre es: “El vegano arrepentido”. ¿Cómo no ir a comer carne a un lugar con ese nombre?, pregunta.

El editor y cronista hace uso de lo culto, pero también de la cultura popular para demostrar que las personas siempre aspiramos a la sorpresa, y nos seduce lo inesperado, ese pequeño o gran milagro que perdurará por su carácter de impensado. De este modo Julio Villanueva apuntala su tesis acerca de la mejor manera de encontrar un título. Porque así como muestra nombres sorprendentes de carnicerías, exhibe una serie de portadas de libros y de revistas, algunas atinadas, otras geniales y plausibles, otras deleznables y para el olvido.

“Sin título. (Sobre la dificultad de titularlo todo, incluido el nombre de una carnicería)”, es el nombre del taller (hasta en los títulos de los talleres que dicta Villanueva utiliza sus recetas). Pausado, moderado, pero sin bajar jamás el ritmo, el maestro del periodismo narrativo es capaz de ironizar y despertar risas aun con la mirada seria, como si estuviera escudriñando la última palabra en la edición de una crónica. Se entretiene en una retahíla de portadas viejas y no tan viejas para demostrarle a todos que la calidad está más allá de lo que vemos a diario en los quioscos de periódicos, en las redes sociales y en la televisión. ¿Por qué quedarnos con lo que vemos a diario, por qué no ir más allá?, vuelve a inquietar. Y todos sentimos, inevitablemente, que el periodismo que se hace por estos lares y con el que nos arropamos es apenas un mal sueño del que pronto debemos despertar.

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