La candidatura de Santa María

Está por verse cuánto daño le pueden hacer algunas compañías partidarias
La candidatura de Santa María

La candidatura de Santa María

03 de Septiembre del 2018 - 09:35 » Textos: Omar Aliaga » Fotos: Correo

En medio de la emoción por la candidatura recobrada, exultante por la luz verde del Jurado Nacional de Elecciones, y ante decenas de militantes en El Porvenir, Luis Carlos Santa María dejó salir el lado menos conocido de él. Llamó “infelices” a quienes, siendo de su propio partido, quisieron sacarlo de carrera. El dardo iba referido a Paúl Rodríguez y su entorno, por supuesto, y quizás Santa María actuó como hubiese actuado cualquier otro en su lugar. Era como gritarle un gol en la cara con lisura de por medio al contrincante.

Pero luego, ante los medios, en declaraciones hechas ante micrófonos y cámaras, cambió el talante. Santa María entonces llamó a la unión, a pasar la página para que el aprismo se alce victorioso en las próximas elecciones. Digamos que, el buen Luis Carlos, volvió a ser justamente el buen Luis Carlos, mostró ese lado maternal que los especialistas en marketing político tanto señalan: ser víctima antes que victimario, ser el blanco antes que el dardo.

Y a Santa María le funciona bien, no sé si porque lo aprendió o porque le sale natural y está en su forma de ser. En el mes de campaña que resta, será esa su fortaleza, esa su virtud que lo hace seductor para un público no necesariamete aprista (a veces pienso que en una elección eminentemente aprista no ganaría en modo alguno).

Santa María, acompañado por Morán y los otros candidatos apristas que se han insuflado de moral con la buena noticia del JNE, invocan ahora a la mística aprista, a la unión para reforzar la campaña. Pero la herida está aún viva, un grupo no menor de compañeros están mordiendo el pañuelo y se sienten desarmados. Ese resentimiento ha sido el causante de sus más recientes derrotas, en gran medida.

El candidato aprista a la alcaldía de Trujillo tiene el carisma apropiado, la altura apropiada, y la sonrisa fácil para un electorado como el trujillano. Pero está por verse cuánto daño le pueden hacer algunas compañías partidarias que tienen más bien la imagen contraria.

Imagino que si Santa María es perspicaz, estará rogando, por ejemplo, que no se le ocurra a Alan García visitar Trujillo en campaña para darle un abrazo de oso públicamente. Pero el problema en este caso es que Santa María no podría evitarlo, pues él sabe muy bien que al final de cuenta es un candidato de García.

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