Martín Mantilla se libera en la cocina

El chef trujillano y su amplia trayectoria interrumpida hace tres años
Martín Mantilla se libera en la cocina

Martín Mantilla se libera en la cocina

16 de Mayo del 2019 - 10:16 » Textos: Jhonnatan Reyna » Fotos: Correo

Su detención en setiembre de 2016 generó diversas portadas en la prensa trujillana, pero un año después de recuperar su libertad el chef Víctor Mantilla Castillo nos recibe en su escuela de cocina, local que sigue sacando adelante.

Al cruzar el umbral de la escuela se puede percibir el olor de un platillo que prepara en su cocina, ese mismo olor se va disipando conforme se apaga el fogón.

Ingresamos a su oficina. De primera mano se puede apreciar un cuadro donde el chef trujillano posa con orgullo los méritos y reconocimientos que ha recibido durante su trayectoria.

TRABAJO

Para Mantilla, la cocina es el sentimiento más grande, ya que en torno a este se reúne un grupo humano con la intención de compartir. Por muy sencillo que sea el plato, señala que hay hogares humildes que preparan papas sancochadas y comen felices.

Desde el 2003 abrió la “Escuela de los Cheff”, con la intención de formar profesionales en la gastronomía.

“Yo formo cocineros, yo no formo modelos. Muchos creen que la cocina es para hacer sofisticaciones; eso es cuando tu ya eres un chef experimentado, pero un niño que sale del colegio y quiere estudiar gastronomía no vas a ser un Aznar”, indica.

Para él, un estudiante de cocina primero debe identificarse con los productos, prepararlos, pero sobre todo identificarse con su pueblo y después modelar con ellos.

Se cataloga como promotor de la cocina auroral, donde se respeta la tradición de un pueblo, sus productos y orígenes.

“El cocinero tiene que identificarse, no solo con el producto mismo, sino con toda una cadena productiva, la siembra y la comercialización”, agrega.

HISTORIA 

Su primer acercamiento con la cocina la tuvo en su casa, de la mano de su madre, de quien aprendió parte de su herencia gastronómica. Realizó estudios en el Centro de Formación en Turismo (Cenfotur), en la ciudad de Lima, y fue parte del Circuito Turístico Nor Oriental.

Regresó a Trujillo y ocupó el cargo de director regional de Pesquería. Ingresó a trabajar con su hermana en el restaurante Chelsea desde 1997, en donde ahora es un asesor.

CÁRCEL

Después de la muerte de su madre, el segundo dolor más terrible de su vida ha sido pisar una cárcel.

Pese a ello, le da gracias a la vida por la experiencia dolorosa y a la vez gratificante de haber pasado un año y 7 meses en el penal El Milagro.

En su paso por la prisión, recuerda que tuvo la suerte de encontrar el cariño de algunas personas, pero sobre todo depurar a aquellos que se decían ser sus “amigos”.

Tras las rejas le han impactado cientos de historias, de aquellos que purgan condena y claman inocencia. Una de ellas es el caso de un joven gay que se dedicaba a negocios ilícitos con su madre, quien guardaba su secreto. Ella no le entregó sus pertenencias, y en un arranque de ira el joven la asesinó.

“Hay personas sentenciadas por tocamientos a 30 años y que juran inocencia. Hay gente inocente como culpable, como un joven que hace crisis psiquiátrica y asesina a su madre al enterarse que la persona que lo firmó no es su padre”, cuenta.

ANÉCDOTAS 

No comió en un balde, como sí lo hicieron otros presos, pero no se imaginó que iba a cortar una cebolla con una regla de metal a la que le habían sacado filo para preparar una ensalada de atún.

Utilizó un balde con una conexión eléctrica cacera y preparó un caldo a sus compañero, donde al final se le ponía la sal, para evitar hacer un corte circuito.

“Hemos preparado unos aguaditos, unas cosas maravillosas para compartir”, relata.

No niega que tuvo mucho miedo. “Tú puedes programar un viaje, pero no programas ir a la cárcel”, asegura.

Hoy sigue formado profesionales, y ayudando a los internos a través del programa “Creo”, dirigido por la madre Rocío Zapata, jefe de la Pastoral Carcelaria Católica.

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