Jorge Henderson conoció a padres de mujer que le donó hígado (FOTOS)

Figura pública llegó a la 'Ciudad Imperial' donde tuvo un encuentro conmovedor con los padres de familia que le donaron el hígado de su hija que recién había fallecido.

04 de Noviembre del 2014 - 21:47 » Textos: Juan Carlos Sequeiros/Fotos: Cristina Torres

Son aproximadamente las 10 de la mañana, el avión con destino a Cusco está retrasado y Jorge Henderson comienza a sentirse intranquilo; el hígado que le transplantaron hace años está muy bien. Lo que ahora molesta es el corazón, late muy fuerte y está intranquilo. Sucede que, después de tanto tiempo de haber recibido el órgano de una cusqueña que le salvó la vida, por fin conocerá a sus padres, esos hermosos seres humanos que decidieron perpetuar la vida de su hija en el cuerpo de Jorge, a esos dos deudos que renunciaron a sus creencias y le dijeron sí a la donación de órganos y por ende a la vida del recordado conductor de televisión.

LA HISTORIA. Esta historia de lucha y compasión empezó un 29 de febrero del 2012, cuando Jorge Henderson fue sometido a una delicada operación de transplante de hígado en el Hospital Rebagliatti. La intervención duró más de 10 horas y al despertar Jorge no daba crédito a lo que había pasado, "esperé mucho tiempo por ese hígado, inclusive estuve en coma y perdí la esperanza de seguir con vida; hasta ahora me emociono al recordar ese bello momento al enterarme que la familia de una niña de 18 años había decidido apoyarme desinteresadamente, fue un acto muy hermoso y por eso decidí cumplir mi promesa de llegar a Cusco para conocerlos", citó Jorge.

LA LLEGADA. Ni bien arribó al céntrico hotel que lo esperaba, Jorge dejó sus cosas y enrumbó hacia el mercado de Wanchaq, donde Leandra González (madre de la donante Sthepanie Vargas) trabaja vendiendo comida hace 20 años.

El encuentro fue bastante conmovedor, las lágrimas brotaron por borbotones y tanto Jorge como Leandra se agradecían mutuamente, por la oportunidad que se habían dado de perpetuar la vida y por la dicha de conocerse finalmente. Las vendedoras amigas de Leandra se acercaban a los dos y los felicitaban, citando que ella esperaba conocer a la persona que "mantiene con vida a su niña" y Lendra orgullosa les presentaba a Jorge como a su hijo, acariciando suavemente y con amor de madre el vientre de Jorge, ocupado ahora por el hígado de Sthepanie.

LA NIÑA DE SUS OJOS. Luego del encuentro en el mercado, Leandra, su esposo Kintin y Jorge se dirigieron hasta la casa que albergó a Sthepanie por tanto tiempo. La vivienda, ubicada en la APV Independencia en el distrito de Santiago, guarda por doquier imágenes de la estudiante que falleció a los 18 años, víctima de un aneurisma. Al ingresar a la casa todos toman asiento en la humilde sala y ahora es el padre de Sthepanie quien se dirige a Jorge. "Yo no daba crédito a esto del trasplante, cuando me lo propusieron por primera vez, mi mujer y yo no queríamos donar ningún órgano de nuestra pequeña, hasta pensábamos que era pecado, después un buen doctor me hizo comprender que la donación es significado de vida y de amor, y por eso accedimos a que el hígado de mi pequeña se vaya directo al cuerpo de Jorge. Sin conocerlo nosotros ya lo queríamos, ahora yo lo considero mi hijo, mi hijo Jorge", citó en medio de lágrimas.

Leandra después de ofrecer un té para el álgido frío cusqueño, mostró las fotos de su hija a Jorge, citando que era muy estudiosa y que quería ser docente de inicial.

El hombre de televisión no dejaba de agradecer a su nueva familia, por el gesto de compartir con ellos su espacio y de tratarlo como a un hijo.

"Esto que nos está pasando es realmente increíble, doy gracias por haberlos conocido y por haber tenido una niña tan hermosa que logró salvarme la vida, la donación de órganos es un acto sumamente loable, les quedaré agradecido una eternidad", finalizó.

Poco tiempo después Leandra y Jorge ya estaban quedando la hora a la que mañana (hoy) visitarían los restos de Sthepanie. "Está en Jardines de la Luz, el cementerio más bonito de Cusco, te va a gustar", decía Leandra, al tiempo de darle un abrazo a "su hijo" y limpiarle una miga de pan que le había quedado en los bigotes.

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