CUSCO. Tiene una gran pasión por los barcos, conoce detalles, modelos, las partes exactas con las que cuenta un navío y aunque parezca increíble jamás se subió a uno de ellos, apenas llegó a dar un pequeño paseo en una lancha por una laguna local y lo más cerca que estuvo de estos “dragones marinos”, como él los llama, fue cuando vivió por unos años en el Puerto del Callao cuando era un adolescente, quizás sea esta la razón de tanta pasión por los barcos que atesora el artista plástico cusqueño, Javier Solís Sergio. Desde los 16 años y con la ayuda de unas “rubias” (herramientas que sirven para tallar madera), Javier Solís emprendió un viaje artístico, comenzó a tallar pequeñísimas embarcaciones y ahora a sus 28 años ha logrado recrear más de 17 réplicas de embarcaciones que arribaron a Perú desde el siglo XVII, provenientes de Europa, “para conocer los detalles he revisado bibliografía, hablé con expertos en materia naval”, dijo el artista plástico que desde hace cuatro años comenzó a vender estas piezas. La construcción de uno de estos barcos en miniatura demora entre dos y tres meses, para ello necesita telas, cuerdas y mucha, pero mucha madera reciclada, aquellos pedazos que los carpinteros ya no dan valor pero que Javier Solís los convierte en piezas de arte. “El trabajo es bastante detallado, teniendo en cuenta que son partes muy pequeñas, a la gente le gusta que la miniatura sea idéntica al tamaño real”, comentó el modelador, quien expone sus trabajos por segunda vez en la Municipalidad provincial del Cusco. “Hacer cada una de estas embarcaciones es para mí un viaje, una aventura sobre el mar que no tuve la oportunidad de realizar, modelar cada navío me transporta a ese viaje que estoy seguro que algún día realizaré”, finalizó.