Ciudades comestibles

La agricultura urbana está de moda. La tienen en Tokio, Madrid, Berlín y Londres. No es casual que en Brooklyn esté la azotea cultivada más grande de Nueva York y que su producción se venda a restaurantes top
Ciudades comestibles

Ciudades comestibles

29 de Abril del 2018 - 09:41 » Textos: María Elena Cornejo

Es casi un hábito, en nuestro país, quejarnos de que Lima es gris, que carece de espacios verdes. Prácticamente, vivimos encerrados en una burbuja irrespirable de cemento, humo y hormigón. Como si fuera poco, el pasto de los espacios públicos es artificial (Paseo Colón) y los árboles de las avenidas (Barranco) no mueren de pie, sino que los talan.

Según datos de ONU Hábitat, Lima tiene solamente 2.9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, cuando lo mínimo recomendable son 15 m2. Un solo ejemplo da cuenta del atraso: Bogotá tiene 107 m2 por habitante y Sao Paulo, 62. ¿Hay solución para tanto estropicio?

Quizás Villa María del Triunfo sea el distrito pionero en crear espacios verdes, con andenerías donde siembran hortalizas o con un sistema de atrapanieblas para generar agua a partir del rocío, la neblina y la humedad.

Hace más de 20 años, medio centenar de mujeres migrantes iniciaron este proyecto, que ha transformado el barrio y su economía. Hoy son casi tres mil. No solo cultivan para el autoconsumo, mejorando su nutrición, sino que también venden los excedentes, mejorando su economía. Hoy tiene dos hectáreas de cultivos orgánicos supervisados por la Red de Huertos de Lima y el Municipio del Sector.

Varios municipios han seguido esta línea. En el Parque Zonal Wiracocha de San Juan de Lurigancho y en el Huáscar de Villa El Salvador, por ejemplo, se han implementado huertos urbanos para animar a los pobladores a replicarlos en sus casas. Algunos concejos imparten cursos y talleres de huertos en casas, azoteas y balcones del barrio; otros con mayor visión comunitaria han comprometido a los vecinos a cultivar pequeñas parcelas en parques públicos.

EN BUSCA DEL CAMBIO

Jafet Aliaga, ingeniero agrónomo de la UNAM, dirige varios proyectos forestales del municipio de San Borja. En la calle Boulevard y en el parque de las Torres de Limatambo, hay 44 parcelas de 7 metros cuadrados cada una, asignadas a otros tantos vecinos. Ellos siembran hierbas aromáticas, lechugas, zapallitos, ajíes, tomates, beterragas o camotes. No se permiten arbustos grandes ni menos árboles que entorpezcan la vista del parque. Preparan su compost y tierra vegetal, aprenden a sembrar con semillas, germinados, por propagación vegetativa o con almácigos; además, saben combatir plagas, con agua jabonosa, ortiga o ruda. El riego se realiza a través de una acequia de agua tratada en una planta de la municipalidad.

“Es necesario reconectarse con la ciudad”, afirma Teté Ballón, ingeniera forestal empeñada en formar consumidores responsables y afectivos.

AGRICULTURA URBANA

La tienen en Tokio, Madrid, Berlín y Londres. No es casualidad que en Brooklyn esté la azotea cultivada más grande de Nueva York y que su producción se venda a restaurantes top de la zona, ni que el huerto del Waldorf Astoria sea atracción de turistas. En Cuba los populares “organopónicos” constituyen un red de diez mil hectáreas de tierra cultivada que produce anualmente un millón de toneladas de hortalizas y verduras suficiente para ayudar a alimentar a la Isla.

El cultivo de plantas comestibles puede realizarse en espacios pequeños (techos, terrazas, patios, colegios, hospitales, restaurantes) o en espacios comunitarios (parques, terrenos en desuso). Existen cultivos subterráneos, hidropónicos y verticales. El verde alivia las tensiones y nos reconcilia con el entorno. Nuestros hijos lo agradecerán.

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