Decir lo bueno y lo malo

Si una experiencia gastronómica es deficiente, uno como comunicador, foodblogger, foodie, crítico, etc. está en la obligación de hacérselo saber a la persona responsable.
Decir lo bueno y lo malo

Decir lo bueno y lo malo

26 de Agosto del 2018 - 11:31 » Textos: Jimena Agois (Blog Pizca D' Sal - @agoisfoto)

Hace unos meses, salimos a comer mi esposo y yo a un restaurante local. En la mesa de al lado, había una pareja que estaba degustando el mismo menú que nosotros habíamos pedido.

Cada vez que llegaba un plato a su mesa, la pareja se desvivía alabando cada bocado que probaba; cuando llegaba el chef, los elogios sobre su “increíble, artístico e insuperable” trabajo nos llamaba la atención y agrandaba nuestras expectativas.

Cuando fue nuestro turno y los platos empezaron a ubicarse en la mesa, la desilusión fue enorme, al comprobar que el menú no era lo que esta pareja aseguraba muy emocionada. No había coherencia entre los sabores, el exceso de dulce era abundante y otra serie de aspectos que no vale la pena mencionar .

Otra día, chequeando mis redes sociales, encontré a una persona que muy contenta publicaba los platos que había consumido en su restaurante de alta cocina favorito. Grande fue mi sorpresa cuando vi que en uno de esos platillos se estaba utilizando pejerrey, insumo que está en veda desde el 3 de agosto, aunque en dicho local parecían no saberlo.

Mientras que en otro momento de la semana recibimos la invitación para las pruebas de una nueva carta de un restaurante que estaba por renovarse; su intención era conocer nuestra opinión. No éramos la única mesa invitada esa noche. La experiencia dejó mucho que desear, no solo en comida, sino también en servicio. Al día siguiente, llamé a la persona que nos hizo la invitación para darle nuestras impresiones y se sorprendió enormemente al recibir mis sinceros comentarios, porque todos los otros comensales invitados solo habían dicho lo perfecto que estuvo todo.

La razón de la decepción

Imagino que se preguntan a qué vienen estas historias. En los tres casos, quienes alaban -no informan- y se derriten en halagos para estos espacios y los chefs son los que se conocen como “influenciadores gastronómicos”. Está bien celebrar lo bueno, pero también es necesario criticar lo malo, y no digo que se publique a los cuatro vientos. Pero si una experiencia gastronómica es deficiente, uno como comunicador, foodblogger, foodie, crítico, periodista o lo que fuere está en la obligación de hacérselo saber a la persona responsable para que tome las medidas que considere necesarias y solucione el problema. Ojo, no estoy hablando de gustos, porque eso es relativo, sino de temas como técnica, cocción, constancia, precio o servicio, entre otros aspectos que son importantes en cualquier restaurante. Ello ayudará a que los cocineros no vivan en un bluff emocional, donde todos le dicen que su comida es increíble, pero él no se explica por qué nadie regresa.

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