Don Vito, como en casa

23 de Octubre del 2014 - 01:12 » Textos: Karen Espejo

Luces tenues. Columnas de madera. Música clásica de fondo. Y un gran salón de paredes colmadas con violines, flautas y trombones antiquísimos. A eso, súmele el aroma de unas pastas recién hechas y un trato familiar por parte de los mozos, y ya estará en Don Vito; una trattoria con casi 31 años a cuestas que fusiona la esencia de Perú y de Italia.

Senén Villalobos, administrador del local, trabaja aquí desde hace tres décadas. Delante de sus ojos, y bajo el mando de Javier Hundskopf, el lugar pasó de ser una humilde pizzería con sillas de paja, a una elegante trattoria donde se realizaron más de 190 conciertos de música de cámara.

Delicias ítalo-peruanas. Sobre las mesas de mantel blanco se sirven platos emblemáticos de 1981, como el póker de pastas (una baraja culinaria de ravioles a la bolognesa, linguinis al pesto, ñoquis de alcachofa y fettuccinis a lo Alfredo), y creaciones tan soberbias como los ravioles de pato. Rellenos de contundentes pechugas cocidas con queso ricotta, los ravioles alcanzan su máxima expresión en una reducción hecha con la carne y los huesos del ave de corral.

La selección es amplia y tentadora. Desde una quinua arrisotada coronada con mariscos flambeados, pasando por una lasaña de salmón y lenguado, hasta llegar a unos ravioles de queso ricotta y espinacas en salsa de huancaína. Esta última, recomendación exclusiva del mismísimo tenor Juan Diego Flórez.

Sea cual fuera su elección, sepa que aquí las pastas se hacen en casa, con la fórmula tradicional de un kilo de huevo por cada kilo de harina y ni una pizca de agua.

Y si de postres se trata, le recomendamos pedir sus clásicos crepes de frutas, o el Fragol all' Inferno, unas fresas "picantes" con helado, previamente cocidas en jugo de naranja y azúcar. Senén se instalará entre las mesas, flambeará los insumos y creará, como por arte de magia, unos dulces irresistibles. Cruce el umbral de Don Vito y se sentirá como en casa.