Mil semillas

La cultura giró en torno a sistemas de producción de alimentos sostenibles que no requerían químicos.
Mil semillas

Mil semillas

02 de Septiembre del 2018 - 14:43 » Textos: Gonzalo Urbina (Mater Iniciativa)

John Earls, admirado docente de la PUCP, decía en 1979 que el “Dilema Incaico” consiste en la imposibilidad de reconciliar la abundancia de rendimiento en la producción agrícola del incario (…) con la simplicidad extraordinaria de los instrumentos directamente empleados en la producción. Incluso, en la estimación más conservadora de la población incaica (4.5 millones de habitantes), le llamaba la atención cómo los sistemas de producción y distribución de alimentos eran más efectivos que los modernos.

Un factor que me llama la atención en este dilema es cómo asumimos que la productividad dependerá de las herramientas que usamos, y no entendemos cómo una chaki taklla puede generar mejores resultados que un tractor. Más que un supuesto, casi parece una intuición obvia: lo que importa es la herramienta. Esta confusión revela una visión (muy) incompleta: nos falta considerar el efecto de las condiciones del ecosistema en el crecimiento de la planta o el animal.

Visión moderna

La perspectiva de agricultura con un monocultivo limpio y ordenado no es lo que practicaban pobladores originarios en América Latina, el Sudeste Asiático o África cuando fueron colonizados. No parece ser casualidad que en todos estos espacios haya habido una amplia difusión de sistemas de policultivos y un mayor grado de biodiversidad en las chacras que ahora.

La agricultura moderna se enfoca en el menor nivel de biodiversidad posible; una planta única en el campo que transforme totalmente los recursos disponibles en producto uniforme, grande y fácil de recolectar y comerciar -cero competencia-.

James Scott decía que todo cultivo es una simplificación de la naturaleza. Cada elemento “nocivo” que eliminamos para que la planta crezca mejor es una simplificación. Usualmente, simplificamos observando efectos inmediatos (el insecto se come la hoja), sin llegar a entender el efecto combinado que tiene eliminar múltiples especies y variedades sobre la productividad total. El policultivo es una simplificación menor que el monocultivo y puede retener mayores cualidades productivas del ecosistema.

La chacra necesita ayuda artificial para sostener a la décima parte de plantas que crecerían en el mismo espacio si no hiciéramos nada y dejáramos el mismo espacio al monte.

Progresando

La semana pasada Mater Iniciativa organizó Mil Semillas, un conversatorio informal sobre diversidad en agricultura y su efecto sobre gastronomía y cultura en general. Tuvimos la suerte de que nos acompañara Rodolfo Guzmán -chef de Boragó- que hablando sobre el territorio, la naturaleza y nuestra posición en ambos, nos dijo: “La cultura no es más que un profundo testimonio de lo vivo y el resultado de nuestra historia como humanidad”. En muchos lugares, la cultura giró en torno a sistemas descentralizados de producción de alimentos sostenibles, que no requerían químicos para abastecer a una enorme población casi enteramente rural. Muchas de estas prácticas y sus rezagos aún pueden ser encontrados a través de los Andes peruanos. La exploración y experimentación de estas tecnologías es el objeto de nuestro proyecto agronómico participativo, que ejecutamos precisamente al lado del Complejo Arqueológico de Moray, una herramienta agronómica incaica cuyo uso aún no es entendido.

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