¡Que reine el chilcano!

¡Que reine el chilcano!

¡Que reine el chilcano!

22 de Octubre del 2014 - 22:38 » Textos: Felipe Gamonal Medina

Sabroso, alegre, provocativo, refrescante, adictivo, el rey de las tertulias. Puede ponerle usted los sinónimos que quiera y todos le caerán bien al chilcano, nuestro sabroso cóctel bien peruano, que por cuarto año consecutivo celebra su existencia gracias a la iniciativa de algunos personajes vinculados a la gastronomía vieron que tenía las mejores cualidades para convertirse en nuestro mejor embajador. Uno de los propulsores de la Semana del Chilcano es el periodista gastronómico Manuel Cadenas -chilcanero a morir-, quien nos da más luces de esta celebración, que va hasta el 17 de este mes.

¿Por qué alcanza cada vez mayor notoriedad la Semana del Chilcano?

Decidimos darle una celebración porque en nuestro trabajo periodístico gastronómico identificamos que el cariño hacia este trago estaba latente entre muchos peruanos, preservado como una vieja costumbre. Yo mismo guardo una fervorosa afición por el chilcano heredada de mi padre. Y muchos entendidos internacionales en la difusión de bebidas espirituosas coincidían, al probarlo, que tenía más posibilidades que otros tragos de convertirse en un difusor del pisco y sus cualidades. El escenario estaba listo, y cuando lanzamos la Semana del Chilcano, fue como si todos la hubiesen estado esperando.

¿Qué más ayudó a que este cóctel recuperara el protagonismo perdido?

Las propias cualidades del chilcano. Primero, es fácil: dos dedos de pisco en un vaso largo, hielo, rodaja de limón, tu ginger ale y listo. Y eso es muy importante para la difusión aquí y en el extranjero: solo hay que tener pisco, pues lo demás, incluido el limón, lo encuentras en todos lados, y no tiene que ser limón peruano. Además, es muy refrescante: en su receta original no lleva jarabe de goma, lo que evita esas borracheras terribles de los tragos azucarados. Es expresivo, porque sin jugo de limón, puedes identificar incluso la uva del pisco que estás usando.

Siempre digo que es la experiencia más cercana al pisco puro. Es muy versátil: con cada tipo de pisco ya tienes un chilcano diferente, sin contar con todo el mundo de los macerados. Y, sobre todo, tiene un nombre peruanazo, y ya sabes cómo nos encariñamos ahora con lo nuestro.