¿Es antidepresivo? Este y otros 4 datos sorprendentes sobre el semen (VIDEO)

¿Te imaginabas que tenía todas estas propiedades?
¿Es antidepresivo? Este y otros 4 datos sorprendentes sobre el semen (VIDEO)

¿Es antidepresivo? Este y otros 4 datos sorprendentes sobre el semen (VIDEO)

10 de Diciembre del 2015 - 17:23 » Textos: El País » Fotos: El País

El diario El País a través de su web S Moda decidió publicar un texto especializado en 5 datos sorprendentes sobre el semen. 

1. Es un cóctel vitamínico, dietético y antidepresivo

El líquido encargado de trasportar los espermatozoides esta lleno de nutrientes y la larga lista incluye glucosa, calcio, magnesio, zinc, fósforo, sodio, vitaminas C y B12 o proteínas. Todo con un bajo poder calórico. El chef Fotie Photenhauer escribió en Natural Harvest, un compendio de recetas con este ingrediente. Como escribe este cocinero en su libro, “el esperma no solo es nutritivo sino que además tiene una maravillosa textura y unas propiedades sorprendentes en la cocina”. “Como el buen vino y los buenos quesos, el sabor del semen es complejo y dinámico”, añade Fotie. 

Pero quizás uno de los mejores beneficios de este fluido sea su potente acción antidepresiva, gracias a este conjunto de sustancias: oxitocina, molécula del amor y afrodisíaca; serotonina, el más popular de los neurotransmisores con la función de regular el ánimo; cortisol, que aumenta la sensación de afecto entre dos personas; estrona, mejora el ánimo; prolactina, un antidepresivo natural, o melatonina, que mejora los tiempos del sueño. 

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2. La calidad del semen está bajando alarmantemente

Como apunta Ana Fabregat, farmacéutica, analista clínica con máster en reproducción asistida y doctora en medicina clínica del Instituto Bernabeu, en Alicante; especializado en técnicas de reproducción asistida, “hace once años la proporción media en una muestra de semen era de entre 70 y 100 millones de espermatozoides por milímetro. Ahora la media ha descendido hasta los 30- 50 millones. En nuestra clínica los donantes de semen deben ser varones jóvenes, sin hábitos tóxicos, con una calidad seminal entre los 50 y 60 millones de espermatozoides y que además, éstos tengan una movilidad del 50%”. La calidad de este fluido ha empeorado considerablemente en los últimos años, ya que no solo contiene menos espermatozoides, sino que éstos son más perezosos y se mueven más lentamente. La Organización Mundial de la Salud ha bajado sus parámetros en 2010, y lo que antes era considerado como patológico, ahora está dentro de lo normal.

La razón de esta peor calidad hay que buscarla, según indica Fabregat, en la contaminación y en la alimentación. “La polución aumenta la producción de radicales libres, sustancias que afectan a los espermatozoides. El aire que respiramos está lleno de sustancias químicas con estructuras muy parecidas a los estrógenos, que están ‘feminizando’ al varón. Hay peor calidad de semen y en el hombre hay rasgos secundarios propios del otro sexo, como puede ser la menor presencia de vello. Este es un problema difícil de combatir, como no sea trasladándose a vivir a zonas rurales y con menor contaminación atmosférica. Con la alimentación pasa lo mismo. Habría que renunciar al agua –el plástico de las botellas altera el sistema hormonal-, a las latas de conservas –los revestimientos internos que llevan son perjudiciales- y a otros productos de uso frecuente y cotidiano”.

3. Los hombres también tienen sus ciclos

Así como la mujer tiene su ciclo menstrual, en el que se produce la ovulación, maduración del óvulo y fertilización o, en caso de que no se de este fenómeno, eliminación del mismo por la menstruación; el equivalente masculino a este proceso sería la espermatogénesis. Es decir, la producción de espermatozoides, que dura entorno a los 75 días. Durante ese tiempo estas pequeñas células, destinadas a fecundar al óvulo, se producen en los testículos, crecen, se hacen fuertes y ágiles y, con el tiempo, se oxidan y mueren. Si hay eyaculación son expulsados y, si ésta no se produce, una vez muertos son reabsorbidos por el cuerpo.

Este ciclo hace que, como apunta Fabregat, “las calidades de un eyaculado varíen, ligeramente, de un día a otro”. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, “para tomar una muestra de semen y comprobar el nivel de fertilidad del hombre, se piden cinco días de abstinencia –individual y en pareja-. Así se puede medir mejor la cantidad de espermatozoides, su movilidad y el nivel de malformaciones. Hoy en día si una pareja tiene dificultades para tener un hijo, las estadísticas dicen que en un 50% será problema del hombre y en otro 50%, de la mujer”.

4. El reloj biológico también corre para ellos

Existe una diferencia esencial entre los dos sexos que reside en el hecho de que las mujeres, llegadas a una edad, dejan de fabricar óvulos; mientras los hombres siguen produciendo espermatozoides. Sin embargo, los años también pasan factura a la gran mayoría del género masculino.

Aunque la planta de producción continúe abierta durante más tiempo para los varones, el acabado del producto ya no es el mismo y su capacidad de fertilidad disminuye considerablemente. Según Molero, “con los años, la calidad del esperma se ve afectada, sobre todo porque los niveles de testosterona bajan y esta hormona tiene un papel decisivo en la espermatogénesis. Un octogenario puede eyacular pero la cantidad de semen será mucho menor, contendrá menos espermatozoides y éstos serán muy lentos o inmóviles. Podemos decir que el inicio del declive, en términos de fertilidad masculina, podría situarse a partir de los 50 años. Especialmente si tiene lo que se llama el déficit de testosterona del varón maduro. Por otro lado, si partimos ya de una peor calidad de semen en hombres jóvenes -respecto a la que tenían nuestros abuelos-, debido a determinadas sustancias químicas presentes en el aire y en los alimentos, es muy probable que cuando las nuevas generaciones alcancen la madurez estén en una situación peor que las de ahora”.

5. Eyacular no siempre es sinónimo de orgasmo

En el sexo, la respuesta fisiológica y cerebral no siempre están coordinadas. Por eso algunas mujeres, aunque físicamente presenten los síntomas de haber llegado al clímax, no llegan a interpretarlos como un orgasmo. Esto, aunque en menor medida, y como apunta Francisca Molero, “puede suceder también en el hombre por razones psicológicas o por la toma de determinados fármacos psicotrópicos o antidepresivos. El placer es una valoración de un hecho y en estas personas hay una falta de conexión entre la eyaculación y la sensación del orgasmo. Cada vez hay más casos de este tipo y, generalmente, van unidos a una eyaculación retardada. Es típico de personas que no reconocen sus sensaciones y que, probablemente debido a un trauma en la infancia, han bloqueado su parte emocional. Con la edad es frecuente que la eyaculación se retrase, pero lo que estamos viendo en consulta es que cada vez hay más problemas de falta de eyaculación en varones jóvenes. La causa de esto es casi siempre psicológica y tiene que ver con el cambio de roles en los géneros; un excesivo altruismo en la relación sexual, que hace que se esté demasiado pendiente del otro, o la presión por acabar el encuentro con nota”.

Fuente: El País