Filipinas: Rodrigo Duterte quiere comerse vivos a yihadistas que decapitan rehenes en su país

"Yo como de todo. No soy difícil", dijo un furioso Rodrigo Duterte
Filipinas: Rodrigo Duterte quiere comerse vivos a yihadistas que decapitan rehenes en su país

Filipinas: Rodrigo Duterte quiere comerse vivos a yihadistas que decapitan rehenes en su país

06 de Julio del 2017 - 08:58 » Textos: Correo agencias » Fotos: AFP

El presidente de Filipinas Rodrigo Duterte amenazó con comerse vivos a los islamistas responsables de haber secuestrado y decapitado a rehenes vietnamitas en el sur del archipiélago.

La furiosa reacción del mandatario se produjo tras el descubrimiento la víspera por soldados filipinos de los restos decapitados de dos rehenes que junto a otros cuatro marinos vietnamitas habían sido secuestrados en noviembre pasado en la región de Mindanao (sur).

"Me voy a comer su hígado si eso es lo que quieren. Dénme sal y vinagre y lo haré frente a vosotros", dijo Rodrigo Duterte en un discurso ante responsables locales. "Yo como de todo. No soy difícil. Me como hasta lo que no se puede tragar".

Y blandiendo un teléfono celular con una foto de los marinos vietnamitas decapitados, Rodrigo Duterte maldijo a los yihadistas: "¿Acaso vamos a dejarnos esclavizar por esta gente? Hijos de p...".

El presidente filipino Rodrigo Duterte había ordenado el año pasado una ofensiva contra el grupo Abu Sayyaf y otras formaciones islamistas.

Las tropas filipinas hallaron los restos de los dos rehenes la mañana del miércoles en la isla de Basilán, bastión del grupo Abu Sayyaf.

Inicialmente difusa agrupación creada en los años 1990 con medios suministrados por la red islamista Al Qaida de Osama Bin Laden, Abu Sayyaf se dividió luego en distintas facciones, dedicándose algunas de ellas al banditismo y los secuestros.

Una facción rindió pleitesía al grupo Estado Islámico y algunos de sus miembros mantienen el control de varios sectores de Marawi, la ciudad musulmana más importante de este país mayoritariamente católico.

Algunos rebeldes siguen ocupando partes de esa ciudad, a pesar de la ofensiva, respaldada por Estados Unidos, en la que murieron 460 personas y otras 400.000 fueron desplazadas desde su inicio en mayo pasado.

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