Si Sudáfrica puede zanjar su abismo político, también Estados Unidos puede

Por Trevor Noah / Punto de inflexión: Donald J. Trump es elegido como el presidente número 45 de Estados Unidos.
Si Sudáfrica puede zanjar su abismo político, también Estados Unidos puede

Si Sudáfrica puede zanjar su abismo político, también Estados Unidos puede

29 de Junio del 2017 - 11:49 » Textos: Trevor Noah

Trevor NoahCuando me convertí en presentador de “The Daily Show” en lugar de Jon Stewart en 2015, me sorprendió enterarme de que mi puesto como anfitrión de un programa nocturno de comedia no era meramente entretener sino destripar, atacar, aplastar, demoler y destruir a los oponentes del Estados Unidos liberal y progresista. Muy rápidamente, gente de todos los ámbitos — mayormente esos mismos progresistas liberales — me criticaron por no mantener los niveles mínimos aceptables de destripamiento diario que fueron establecidos por mi predecesor.

La verdad es que a Jon nunca le gustó ser etiquetado como el Gran Destripador. No pensaba que fuera sano, y siempre trató de pensar en los detalles de los temas con una dosis saludable de escepticismo antes de salir al aire y expresar sus ideas al mundo. Pero a través del lente del internet, eso no es lo que la gente vio. En los primeros días de la blogosfera, YouTube y las redes sociales, la gente tomaba los comentarios más estridentes de Jon y los hacía volverse virales con titulares llamativos, sacando esos segmentos de proporción, comparados con los segmentos más reflexivos que conformaban la mayor parte del programa televisivo. Y, desafortunadamente, cuando vemos en retrospectiva, el destripamiento (y la exasperación) es lo que más recuerda la gente.

La experiencia de ponerme en los zapatos de Jon me produjo un enorme choque cultural. En Sudáfrica, de donde provengo, también usamos la comedia para criticar y analizar, y aunque no les pasamos por alto nada a nuestros políticos, no nos destripamos unos a otros. Si acaso, mis espectáculos de comedia en mi país son un lugar donde podemos rechazar la historia de clasificaciones de color del apartheid; donde las personas blancas, negras, de color e indias usan la risa para hacer frente al trauma y el dolor compartidos. En Sudáfrica, la comedia nos une. En Estados Unidos, nos separa.

Crecí bajo la dura opresión racial del apartheid como una persona de etnicidad mixta. Las líneas entre negros y blancos estaban claramente trazadas y eran aplicadas con armas y tanques, pero como yo no era ni negro ni blanco, me vi forzado a vivir entre esas líneas. Me vi forzado a comunicarme a través de esas líneas, me vi forzado a aprender cómo acercarme a la gente y abordar los problemas, de manera matizada. Si no lo hubiera hecho, no habría sobrevivido.

A Estados Unidos, según he descubierto, no le gusta la matización. Las personas afroamericanas son criminales, o los policías son racistas; seleccione uno. Es nosotros contra ellos. Estás con nosotros, o estás contra nosotros. Esta mentalidad nacional es alimentada por la historia de un ciclo noticioso de 24 horas, por los silos ideológicos de las redes sociales y por la estructura de la política del país. El sistema bipartidista parece alentar activamente la división donde no es necesario que exista.

Esto nunca ha sido más evidente que durante la campaña de Donald Trump para la presidencia. Con su flagrante misoginia y llamados racistas ante votantes temerosos, Trump tuvo éxito en dividir a un electorado ya preparado para volverse contra sí mismo. Su amarga candidatura eclipsó el hecho de que la enorme mayoría de los estadounidenses, tanto republicanos como demócratas, querían muchas de las mismas cosas: buenos empleos, viviendas decentes, acceso a las oportunidades y, sobre todo, respeto.

El último año ha sido tan polarizador y nocivo que incluso yo me encuentro quedando atrapado en las fanfarronadas y críticas extremas. Pero con los extremos viene el estancamiento y la muerte del progreso. En vez de hablar en tonos mesurados sobre lo que nos une, estamos gritándonos unos a otros lo que nos divide; lo cual es exactamente lo que los personajes autoritarios como Trump quieren: las personas divididas son más fáciles de gobernar. Ese era, después de todo, el meollo del apartheid.

Para los extremistas y los verdaderos creyentes de cualquier causa, existe la idea de que la moderación y el compromiso son simplemente el preludio de la traición y la renuncia, cuando, de hecho, lo cierto es lo contrario: la moderación lleva a las ideas radicales al centro para hacerlas posibles. Nelson Mandela nunca cedió en su demanda de “un hombre, un voto”; en realidad, soportó 27 años en prisión para hacer que esa idea fuera realidad. Pero cuando nuestra nación estuvo al borde de la guerra civil, Mandela habló a los sudafricanos blancos en un lenguaje que apaciguó sus temores y los tranquilizó de que tendrían un lugar en nuestro nuevo país. Habló a los nacionalistas negros militantes de una manera que calmó su temperamento pero no redujo su orgullo. Si los esfuerzos de Mandela hubieran fallado, la transición pacífica de Sudáfrica hacia la democracia nunca hubiera sucedido.

Tristemente, dado lo que hemos visto en esta elección, la victoria de Trump solo ha amplificado las voces del extremismo. Ha hecho a sus argumentos más simplistas y más emocionales en un momento en que deberían volverse más sutiles y más complejos. No deberíamos ceder terreno a la intolerancia y la injusticia en este mundo, pero podemos mantenernos firmes sobre el tema de la ineptitud de Trump para la presidencia mientras seguimos acercándonos a razonar con sus simpatizantes. Podemos ser firmes en nuestro compromiso con la igualdad racial mientras compartimos el pan con las mismas personas racistas que nos han oprimido. Sé que puede hacerse porque no tuve opción más que hacerlo, y es la razón de que esté donde estoy hoy.

Cuando uno crece en el centro, uno ve que la vida está más en el centro que en cada lado. La mayoría de la gente está en el centro, el margen de victoria casi siempre está en el centro y, muy a menudo, la verdad también está ahí, esperándonos.

(Nacido en Sudáfrica de una pareja interracial en una época en que esas relaciones eran ilegales bajo el apartheid, Trevor Noah a menudo entreteje observaciones sobre la raza y la etnicidad en su comedia. Ha sido presentador de varios programas de televisión en Sudáfrica, incluido “Tonight with Trevor Noah”, y actualmente es presentador de “The Daily Show”, con sede en la Ciudad de Nueva York.)

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