Opinión

19 AÑOS DE LA PAZ DEFINITIVA PERUANO-ECUATORIANA

Columna: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

26 de Octubre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Hoy se cumplen 19 años de la firma del Acta de Brasilia entre Perú y Ecuador, que puso fin al problema demarcatorio entre ambos países -nunca fue por delimitación- y que selló la paz definitiva entre Lima y Quito a través de la firma de 5 acuerdos en esa ocasión, en el célebre Palacio de Itamaraty, sede de la diplomacia brasileña. La relación bilateral estuvo mermada. Al Protocolo de Río de Janeiro, firmado al año siguiente de la guerra que enfrentó a los dos países (1942), el presidente Velasco Ibarra en 1960 lo declaró nulo, lo cual provocó la reacción de los países garantes (Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos). En 1981, un ingreso de tropas ecuatorianas, descubierto luego de un ataque a una aeronave peruana en la zona de frontera, originó el conflicto del Falso Paquisha y en 1995 sucedió el denominado Conflicto del Cenepa. Vino el acuerdo de cese el fuego de Itamary en febrero de ese año y luego la magia del canciller Francisco Tudela para planear el modus operandi -incluido las listas de impases subsistentes- para el arreglo definitivo, con el enorme desafío de tener que negociar en un proceso de condiciones militarmente adversas. Lo acompañó en dichas negociaciones un selecto equipo de diplomáticos de Torre Tagle: Jorge Colunge, Hugo de Zela, Pablo Portugal, Alfredo Chuquihuara, Luis Sandoval y Milagros Castañón, todos merecidamente ascendidos por sus logros a la categoría de embajadores tiempo después -excepto Colunge, quien ya lo era-, como corresponde. Tudela fue secuestrado con otros 62 rehenes en la Embajada del Japón en Lima en diciembre de 1996, pero ya había sembrado la estrategia. Al eminente jurista Fernando de Trazegnies le correspondió sellar el acuerdo y lo hizo impecablemente. Luego siguió el Plan Binacional de Integración Fronteriza, convertido en un exitoso modelo de integración para la región con resultados realmente para el aplauso. Últimamente, el muro legado por el expresidente Rafael Correa ha querido desvirtuar todo lo avanzado. Hizo bien su sucesor, Lenin Moreno, en detener su construcción, pero hasta ahora no ha sido desbaratado y eso está pendiente.

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