Opinión

1988/2018

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

18 de Enero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Treinta años han pasado desde que un papa estuvo en el Perú. Fue en 1988, cuando Juan Pablo II arribó por segunda vez a nuestro país (la primera fue en 1985). Hoy nos visita Francisco, quien encontrará esta tierra muy distinta a la que recorrió el llamado “peregrino”. Los problemas en ese momento eran otros, muchos de los cuales ya fueron superados y hasta olvidados. Sin embargo, hoy afrontamos otras dificultades que alcanzan también a la Iglesia católica.

En 1988 vivíamos en medio del catastrófico primer gobierno de Alan García. Dos grupos terroristas mataban a peruanos todos los días y el Estado no ataba ni desataba para hacerles frente, mientras la inflación iba en aumento hasta llegar a cifras históricas a nivel mundial en julio de 1990. No olvidemos tampoco la corrupción de ese régimen, esa que no quedó registrada en videos ni que fue delatada por los “aceitadores” como en estos tiempos.

Hoy el terrorismo no pone bombas ni mata, al tiempo que la hiperinflación y los billetes por millones de intis son apenas un mal recuerdo, al igual que las colas por un kilo de arroz y una bolsa de leche Enci, y el inclasificable “pan popular”. Eran los tiempos en que para millones de peruanos lo mejor que les podía pasar era conseguir una visa para cualquier lugar, a fin de salir de acá para trabajar de lo que sea lejos del país inviable que en ese entonces era el Perú.

Hoy las dificultades son otras. No habrá un terrorismo activo, pero tenemos una ola imparable de delincuencia común. La ciudad de Trujillo, que será visitada por el Santo Padre, es una muestra de eso. También tenemos esa gran tara llamada corrupción, que no ha dejado de estar vigente en estos 30 años, al extremo de que sus sombras están incluso sobre la cabeza del presidente Pedro Pablo Kuczynski. En medio de esto, vivimos un país dividido políticamente en dos.

La Iglesia católica también está en entredicho por no haber sabido romper con los degenerados responsables de abusos contra menores, cosa que no ocurría hace 30 años, cuando toda la cochinada quedaba bajo las alfombras.

Hemos avanzado como país. Al menos hoy somos viables y podemos creer en un futuro, a diferencia de lo que pasaba hace 30 años, pero aún hay mucho por hacer desde el Gobierno y la sociedad, no sin antes lograr la ansiada reconciliación.

En medio de todo esto, bienvenido, papa Francisco.

tags