A pocas horas de cerrar el 2021, tenemos que reconocer que el Gobierno transita por un momento de poca credibilidad. La incertidumbre e inestabilidad hacen que la confianza sea casi nula. La fuga de capitales, la devaluación del sol, el aumento de los precios de los productos de primera necesidad, los indicios de corrupción y la predominancia de la ideología antes que el trabajo a favor de los intereses de los peruanos, hacen que se vea real la descomposición del Ejecutivo.

Los más optimistas dicen que el 2022 marcará un nuevo comienzo, pero ¿hacia dónde vamos? Francamente no lo sabemos. Todos queremos un mejor año, con mejores perspectivas y prosperidad, sin embargo, que se cumplan estos deseos depende en gran parte del Gobierno, que no puede seguir improvisando. Es necesario tener claro el rumbo y sumar políticos, técnicos y profesionales con una visión más independiente.

En tanto, el presidente Pedro Castillo debe alejarse de su innato populismo y de los grupos extremistas. Debe ser consciente que lo más importante es aceptar el Estado de derecho y las reglas básicas de la democracia, de ninguna manera las apuestas descabelladas ni las propuestas radicales. Ya no hay margen para dar pasos en falso. Uno más y nos vamos al abismo.