Opinión

89 AÑOS DEL NACIMIENTO DE MARTIN LUTHER KING

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

16 de Enero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Ayer en Estados Unidos y en muchas partes del mundo se ha recordado el nacimiento de Martin Luther King, el mayor activista negro del país, paradójicamente llamado de todas las sangres. Una completa mentira. Los racistas del sur de EE.UU. no lo soportaron y sencillamente lo asesinaron. Había sido como su padre, pastor, y hasta llegó a la universidad, una hazaña desdeñada por los blancos. Su oratoria impecable y su derroche de simpatía fueron razones suficientes para que sea acabado con solo 39 años. Luther King jamás renegó de la doctrina del Destino Manifiesto, que inspiró a los blancos dominantes el derecho de hacer del país el más poderoso del mundo y hasta sentirse elegidos para conducir sus destinos. Donald Trump en este tiempo encarna la revitalización de esta doctrina. Martin solo quería que los negros tuvieran las mismas oportunidades que los blancos en sus proyectos de vida. Aunque transmitió su pensamiento en el tamaño de legado, en EE.UU., después de 89 años de su nacimiento y 50 de su muerte, la segregación racial persiste. Basta mirar los últimos abusos y crímenes perpetrados contra los negros de Atlanta, la ciudad donde nació Martin, para confirmar la injusta realidad. A los negros en este país, como en muchos otros, los llaman gente de color o morenos, creyendo con ello atenuar el histórico racismo. Están equivocados. Al negro se lo debe llamar negro como al blanco, al indio, al trigueño, al cholo, etc. EE.UU. hoy sigue siendo desigual y racista. Cerca del 40% de los reos en las cárceles estadounidenses son negros, por lo que persiste un prejuicio espantoso. Históricamente, los negros africanos fueron sojuzgados por el blanco europeo, que dominó los modos de producción. En el Perú, don José de San Martín dio solamente libertad a los negros que nacieran a partir del 28 de julio de 1821, porque los blancos peruanos del naciente Estado se opusieron a que sea para los demás negros, que eran el sustento de la economía. Para acabar con el racismo y la desigualdad hay que educar a la gente. Ese era el sueño de Luther King.

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