En un par de días será 28 de julio y estaremos oficialmente a 12 meses del tan anticipado bicentenario. En la escala de los largos procesos de la historia, dos siglos tal vez no son una cantidad de tiempo muy extensa. Somos en retrospectiva, una nación milenaria que atraviesa los años adolescentes de su república soberana y democrática.

Pero la antesala al bicentenario nos agarra en un momento trascendental, en el que el Perú intenta encontrar su madurez política mientras tiene que lidiar con una de las crisis más importantes de nuestra historia. Atravesamos meses y años cruciales, y la manera en que los afrontemos definirá nuestro destino como país.

Conmemorar fiestas patrias debe implicar, en este contexto, reflexionar sobre nuestra realidad y trabajar con voluntad de servicio por la construcción de un futuro mejor. Evocar nuestra historia con orgullo conlleva también señalar sin temor las grandes falencias que venimos arrastrando desde nuestros inicios republicanos y antes.

En ese sentido, la falta de igualdad es probablemente la deuda más grande en estos 199 años. Lamentablemente, son innumerables los casos históricos de violencia, discriminación, esclavitud o de falta de igualdad de oportunidades y derechos. Ya sea por motivos raciales, de género, orientación sexual, origen o por condiciones económicas. Y, como venimos presenciando este año, estos legados de desigualdad no solo afectan a algunos pocos, sino que nos frenan como país en nuestra búsqueda de desarrollo y bienestar.

El bicentenario queda a un paso. Trabajemos con amor y patriotismo, para que de estos momentos tan difíciles emerja la república justa e inclusiva con la que muchos soñamos.